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Mis manos me dan los buenos días

Después de una semana de trabajo intensa y estresante le encantaba saborear esos segundos en los que abría los ojos y tomaba conciencia de que no le tocaba ir a la oficina.

En los días de frío le gustaba dormir con poca ropa, pero arropado. El contraste de temperaturas le hacía acurrucarse para aguardar el calor de su cuerpo.  Este sábado se despertó pensando en ella. Sin darse cuenta, empezó a recordar sus fotos. Las empezó a unir formando una única imagen de ella desnuda. Deseó verla quitándose la ropa prenda por prenda. Viendo como su cuerpo desnudo iba apareciendo según desaparecía su ropa. Se la imaginó depilándose en la ducha. Le gustó la escena. Cerró los ojos con más fuerza para aumentar la resolución de la imagen que tenía en mente.

Recordó su boca, sus pechos, sus pezones, su vagina, su clítoris… Notó que estaba excitado. Pasó su mano por encima de su ropa interior y notó la erección.  Metió la mano dentro y empezó acariciarse pensando que sus manos eran las de ella. No tardó en empezar a mastubarse. Al principio, despacio. Poco a poco el ritmo de sus manos ganó en velocidad.

Deseaba estar dentro de ella. Dentro de sus manos, de su boca, de su vagina. Quería pegar su cuerpo al suyo. Por delante. Y también por detrás. Sentía que quería tener el orgasmo dentro de su boca. O regar sus pechos de su semen para luego masajearla y lubricarla con el líquido caliente que salía de su cuerpo.

Deseaba verla gozar de placer. Necesitaba verla gritar y gemir sin control. Se la imaginaba masturbándose mientras pensaba en él. Seguían apareciendo sus fotos en su mente mientras sus manos seguían masturbándose tan rápido como podía a la vez que notaba como la humedad del pene era elevada. No podía estar más dura. Sentía que iba a correrse, pero le daba pena que su semen se desperdiciara. Quería que le vieran. Quería verla mientras le veía mirando cómo se tocaba y cómo gemía. Quería volverla a ver desnuda. Quería saber cómo sabía su cuerpo, sus pechos, sus pezones, su boca, su vagina…

Y alcanzó el orgasmo. Sintió varias corrientes eléctricas que expulsaron su semen. Notó cómo su mano se lleno de semen. Se limpió con su propia piel, acariciándose pensando que era ella, que estaba en su boca

Semáforo en rojo.

Mañana soleada y calurosa.

 Después de las procesiones de madrugada media ciudad duerme; la otra regresa, somnolienta, a casa.

Quiero aprovechar mis escasos días de vacaciones y yo, que no me encuentro entre aquellos que han estado en el bullicio religioso, decido salir a hacer ejercicio. Me pongo mi camiseta azul, unas mallas cortas de “running” del mismo color con ribetes blancos en el lateral de los muslos, calcetines deportivos y mis zapatillas para correr negras. Ni una sola prenda más. Solo llevo puestas esas cuatro.

Tras recorrer los primeros metros, me percato de que hay viento de levante en calma. Me tocará pasar un poco más de calor y de sensación de bochorno de lo previsto. Rompo a sudar a los pocos minutos sintiendo cómo mi camiseta se empieza a empapar y a pegarse a mi piel húmeda. Las mallas también absorben mi sudor y el color azul se ve impregnado de surcos oscuros. Llego al parque y recorro por dentro, por los senderos de albero, la distancia que tenía fijada para el entrenamiento de hoy.

Satisfecho por el ritmo y el tiempo empleados decido regresar a casa ya a una velocidad más suave, como forma de relajar mis extremidades inferiores. Salgo por la puerta principal del parque y tengo que detener momentáneamente mi carrera. El semáforo está en rojo. Para no enfriarme me quedo dando pequeños saltos, levantando los pies del suelo pero sin avanzar del sitio. Sé que ese semáforo tarda unos dos minutos en cambiar de color así que me armo de paciencia. No quiero arriesgarme a cruzar en rojo.

De repente apareces tú con tu marido. Te detienes junto a mí, a mi izquierda. A la tuya se coloca tu esposo. Debes de venir de regreso de ver las procesiones porque vas demasiado arreglada: un vestido verde liso ajustado de mangas cortas y que termina a mitad de tus muslos cubiertos por medias negras. El semáforo sigue en rojo y yo moviéndome para no enfriarme. Me doy cuenta de que me observas: recorres con tu mirada mi cuerpo de arriba abajo. No le doy mayor importancia y sigo esperando el cambio de color del disco del semáforo. Pero segundos más tarde noto que tu mirada continúa clavada en mí. Descubro que estás mirando el bulto de mi entrepierna, aprisionado y oculto bajo las mallas. Debido a los gestos de mis zancadas mientras corro, está todo escorado al lado izquierdo, justo el que está casi pegado a ti. La mancha de sudor de mis ingles se ha extendido y recubre la zona de la prenda donde está atrapada mi polla. Te das cuenta de que te he sorprendido mirando mi miembro pero te da completamente igual. Tranquila y descarada a la vez vuelves a clavar tus ojos en mi pene porque tu marido está completamente ajeno a todo, inmerso en su móvil de última generación, seguro que escribiendo tonterías en Facebook.

Intento controlarme pero el hecho de sentirme observado hace que mi miembro no aguante más y comience a endurecerse. Percibo cómo crece centímetro a centímetro abriéndose paso bajo la apretura de las mallas. Notas que mi verga se ha empalmado y esbozas una sonrisa de placer y deseo en tus labios rojos carmín. Tu esposo sigue tecleando como un imbécil mientras tú te deleitas con la polla de un desconocido. Es lo que tiene el vicio de la tecnología.

Sé que deben faltar pocos segundos para que el semáforo cambie de color pero temo que antes de que eso se produzca llegues a ver algo más de lo que contemplas ahora: con el sol dándome de frente, las mallas húmedas por el sudor y la polla tiesa pegada literalmente a la prenda, es capaz de transparentarse todo y de que pases de ver la silueta a observar mi pene transparentado, la redondez de su punta, el grosor de las venas marcadas. Tus pezones parecen que van a traspasar y a agujerear tu vestido de lo duros que se te han puesto. ¿Cómo estarán tus braguitas o tu tanga? Imagino que tu prenda íntima ya ha sido manchada por gotitas de flujo procedentes de tu coño. Veo entonces cómo abres los ojos de asombro y en tu rostro se dibuja una grata expresión de sorpresa. ¿Se habrán confirmado mis temores? ¿Habrás podido ver más de lo que tú misma imaginabas?

Por fin el semáforo se pone en verde y me lanzo a la carrera no sin antes girar mi cabeza y comprobar cómo aprovechas ahora para fijarte en mi culo. Mientras recorro el camino de regreso y llego a casa, tu marido y tú os detenéis a desayunar en un bar. Tras pedir el desayuno, te disculpas con tu esposo y le dices que vas a ir un momento al servicio en lo que tardan en servir. Presurosa caminas hasta el servicio y cierras la puerta. Sientes tu sexo empapado y no aguantas más. Te subes el vestido hasta la cintura y observas cómo tu tanga rosa y estrenado ese mismo día está totalmente manchado. Desesperada te lo bajas, llevas la palma de tu mano a tu coño en introduces varios dedos dentro hasta el fondo y allí mismo, en ese servicio de bar sucio y maloliente, te masturbas hasta correrte de gusto pensando en la verga que acabas de ver. Tras el orgasmo, totalmente complacida, ni siquiera te acuerdas de ponerte el tanga que dejas en el suelo del servicio, abandonado y apestando a tu coño caliente.

Follar

¿No sientes a veces que todo es inútil? ¿Que todos tus esfuerzos por encontrarle sentido a algo están vacíos? ¿Que eres totalmente gilipollas? Y en esos momentos, cuando todo es estúpido y vano ¿ no te apetece follar a saco? ¿Follar y follar sin piedad, contra todos, a toda máquina, dejándote la vida en ello? Follar cerdo. Redundante. Profuso. Inmenso, incesante, denso, jodido, feroz. Perverso.

En esos momentos , me follaría a cualquiera. De todas las maneras. Todo el tiempo. Como si siguiera un único camino directa al caos. Apurando mi vaso de veneno. Empezando a cocinarme en el ahora. En mi fuego. Con mi propia sangre. Con mis células descontroladas por el ansia, la fiebre y el deseo. Con mi cuerpo inflamado, la boca seca y la polla empalmada de furia, frenético, hirviendo de ganas. Sin querer pensar en nada que no sea en penetrar con ella, profundo, hasta el alma, sentir una boca abarcando por entero mi sexo, un cuerpo sudoroso arrastrándose sobre mi cuerpo... Sin dar una mínima oportunidad. Para qué. Todo es inútil y esto es lo que queda. Mi cuerpo. Y no hace falta nada más. Sexo.

Mi cabeza se afloja a ese frenesí y no me hago caso. Me doy la espalda. Cierro filas a todo lo demás. Abro mi boca. Me lo bebo. Dispuesto. Emputecido. Salvaje.

Y entregado a mi animalidad me desordeno, me agito, me revuelco. Follo, mamo, babeo, hurgo, lamo, huelo, rasgo, levito… me encuentro ante mi concupiscencia como un dios follador. Qué coño como un dios, no, como un demonio. Como una vampiro goloso de cuerpos dispuestos a su perverso destino: dejarse el alma a base de sexo y ganas. Follar y follar y follar por toda la eternidad. Y me dejo caer en ese precipicio hacia mi jardín de las delicias. Buscando un abismo desde mis celestiales placeres, arrojándome al auténtico vacío, convencido de que la incompetencia de todos mis trances al menos habrá servido para que el puto infierno me pille en movimiento.

¿Y que pasa?... Creo que encontré la respuesta

¿Y que pasa? Creo que encontré la respuesta.

Pasa que debes ser fuerte. No puedes dejarte derrumbar por toda la tristeza que te provoca el hecho de que no sienta lo mismo que tu. Nadie elige en quien fijarse, simplemente sucede. Así como me pasó contigo.

Luché contra este sentimiento mucho tiempo y allí estaba mi error, no debía luchar, debía aceptarlo, debía vivirlo conmigo, debía dejarlo fluir. Pero eso sí, no tenía porque abrumarme. Tenía fe de que podía lograrlo, dios no me dejaría sola con esto. Sí, dolía; y mucho pero tenía que superarlo, y para ello debía aceptar mi realidad. Te quería, pero tú a mí no.

Y fueron pasando los días, uno a uno. No voy a negar que algunos me “pegaban” más que otros, pero debía ser fuerte… Y finalmente paso…

Me di cuenta de que Ya no me gustas. Ya no me interesas como mujer. Es extraño, pensé que nunca pasaría. Pero el hecho de que no me intereses como mujer no quiere decir que no te quiera como amiga; y la verdad es que estoy segura de que eso tampoco pasará.

No sé como acercarme a ti. Te has vuelto impenetrable para mí, en serio. Siento que para hablar contigo debo tener cita previa o tocar con suerte y que decidas responderme. Es extraño.

Te quiero en mi vida, no con la misma intensidad de antes pero aun te quiero en ella. Es raro…

Todo cambio y para bien… Tengo la certeza de que ahora en adelante todo será diferente.

Sé que mi felicidad no debe recaer en nadie más que no sea yo, internalizar eso me ha ayudo a superar toda esta situación. Me has enseñado muchas cosas.

Hola… ante todo, muchísimas gracias de verdad por tomarse el tiempo de leer mi relato y sobre todo por comentarlo.

Domingos calientes

Odias los domingos. Parecen días en los que forzosamente hay que hacer algo para que dé la sensación de que pasa alguna cosa, de que has hecho algo que ha merecido la pena. Pase o no pase algo, desde luego, aparentan no moverse. Por eso los odias.

Estabas haciendo la comida mientras escuchabas "Sensual woman"...Y te has sonreído... Porque te has acordado de aquella tarde, apoyados en el capo del coche, en la que te hablaba de una canción, no te acuerdas de cual, y el modo en que te pedi como si nada que te levantaras la falda muy despacio para, a continuación, seguir hablando de música, fingiendo que no te había dicho nada, fingiendo que no me habías oído, y luego tu, como si nada, bajaras tus braguitas. Y la manera en que te comí el coño con tu espalda pegada al coche. Y, por dios, como temblaba tu culo contra la chapa caliente de aquel coche. Bufff!!!! Recuerdos...Has cerrado los ojos y has pensado: VEN!!!

Te ha gustado tanto acordarte de eso que lo has dejado todo, te has ido a tu cuarto a cambiarte y te has quitado las bragas para hacer más vívida aquella sensación. Has podido sentir tu piel abriéndose poco a poco, dejándote deslizar en esa lánguida cadencia de la música, dejándote caer en toda la magia de tu instinto...

Has seguido con la comida, mientras seguías pensando y aparecían imágenes en tu cabeza, notando sensaciones en tu coño mientras picabas las verduras hasta que he llegado. Venía sudando como un pollo. Me has sonreído maliciosa. Te has puesto cachondísima, no sé si espabilada por el olor tácito de mis feromonas o porque tus hormonas ya se habían estado preparando. Me has vuelto a sonreír invitándome a que me acercara. - Estoy sudando y huelo a cerdo.- Has soltado una carcajada con toda la perversidad que has podido - Pues claro...es-que-eres-un-cerdooo. Te he besado el cuello, te he mordido ligeramente el labio, he bajado mi mano hasta tu culo.

- Guarrrrrra...no...llevas...brrrragassss mmmmmm...y...estás mojada mmmmm.

Nos hemos estado comiendo un rato la boca. Estas segura que hay una conexión entre el borde de tus labios y las secreciones de tu coño, cuántos más besos, cuánto más te paso la lengua por los labios y los muerdo dulcemente y te respiro en la boca más puta te pones. A veces te dan ganas de pedirme que te folle a saco después de besarte. Pero que te folle a morir, con toda la fuerza de mi alma y de mi polla. Sentirte poseída por mi potencia y por mi lujuria. Sentirte mia, totalmente mia..

He apoyado mis manos en tus hombros obligándote a bajar hasta mi polla. Mi rabo ha impactado en tu mejilla al sacármela del pantalón y una punzada de placer ha atravesado tu estómago.

Mientras me la comías he ido quitándote la ropa. Te he sacado la chaqueta apresurado y te has quedado con una camisetita de tirantes y las tetas por fuera, he tirado un poco de tu pantalón de pijama sin que dejases de chupármela ni un momento y te lo he quitado sin ninguna dificultad. Te he restregado la polla por la cara y su olor te ha inundado. Has sacado la lengua para lamerme el capullo. Sabes que me encanta mirarte mientras me la comes, y a tí te encanta meterte en esa mirada, salvaje, de macho, espontánea, feroz...te pone muy cerda sentir mi lujuria tan dentro, te remueve, te hace temblar. Te has metido toda la polla dentro, hasta los testículos, hasta donde no podías más. Su rotundidad afectaba a tu garganta y un chorrilllo de saliva se ha dejado caer entre el breve espacio que quedaba entre tus labios. Mientras te follaba la garganta te decía:

- Joooddder que puta eres mi niña, no te imaginas lo que puedo llegar a sentir cuando te pones así de loca.- Y es que te has puesto muy muy cerda. Con mi polla clavada en tu garganta, emitiendo ruidos guturales, moviendo tu lengua con mi rabo dentro, costándote respirar, animalizándote. Tu excitación iba in crescendo pero la mia también. Los dos en plan caníbal. Los dos muy putos.

Entonces te he hecho levantar, te he sacado también la camiseta, dejándote totalmente desnuda y te he tumbado en la mesa de la cocina. He sacado un hielo y lo he metido en un vaso con agua para que se deshiciera un poco, mientras tanto te he mantenido tumbada con las piernas abiertas, mirándome, respirando fuerte. Se que eso te emputece totalmente. Tumbada sobre la mesa con tus piernas en arco y respirando, respirando en lo que podías mientras te miraba, haciendote sentir el tiempo en tu lascivia, atento, sentado entre tus piernas, con mi cara de perro en celo, aguantándome esas putas ganas de clavarte la polla bien adentro.

Me he ido a por el hielo, lo he posado en el empeine de tu pie y lo he ido subiendo lentamente por tus piernas, lo he pasado por las corvas deslizándolo hasta el muslo, luego lo he llevado por tu cadera hasta el vientre y lo he hecho bajar por la otra pierna, el hielo se iba derritiendo en tu piel, mojándote en todos los sentidos, lo he ido frotando por tu costado ascendiendo por la cintura hasta tus pechos, he trazado círculos con él alrededor de tus pezones, lo he subido por tu pecho hasta el cuello y te lo he pasado por los labios. He metido mis dedos en tu boca y luego he metido el hielo prácticamente derretido en tu coño. Aunque apenas era una bolita pequeñita de hielo ardía de frío dentro de tu agujero encendido.

- Pica eh? Voy a terminar de derretir el hielo con el calor de mi rabo-

Acto seguido te he metido mi polla de una vez. Te he follado como loco, derritiendo el hielo, derritiéndote a tí, haciéndote sentir con mi pasión el poder de mi carne, follándote a saco, con todas mis putas ganas, sacándotelo todo, todo y todo.

Podías sentir como el orgasmo hacía temblar tus piernas cuando te has cortado un dedo con el cuchillo. Puta música, putos domingos, si es que nunca pasa nada, solo sé que has cerrado los ojos y has pensado: VEN!!!

Hotel

Después de un tira y afloja, nos hemos puesto de acuerdo y has decidido que si querías hacerlo, así que te has vestido, te has puesto tus pinturas de guerra y has decidido ir a matar. Sin preocuparte, del como me has conocido y del poco tiempo que llevamos hablando por la red. Tu cuerpo te pide emociones y crees que yo, podre sacarte de esa rutina y aburrimiento de vida marital que llevas con tu marido.

Has llegado a la hora convenida al hotel, hecha un manojo de nervios, y has subido a la habitación que te había indicado. Has tomado aire y has pasado dentro, aun cuando la oscuridad que vestía la habitación, hacia que el miedo, el respeto, por esta nueva situación, haya hecho que te lo hayas pensado un par de veces.

Y no he dejado a tu cabecita pensar mas. Sin saludos, sin besos, sin medias tintas, sabias a lo que venias. Te he desnudado, casi arrancando cada prenda de tu ropa de tu piel, te he tumbado, sobre la cama y te he abierto entera.

Tu coño gritaba hambre de mi polla. Pero quería que vieses como me pajeaba bien a gusto. Te gusta mirarme, si, como has hecho cada vez que me presentaba en tu pantalla a través de mi webcam, verdad, así de salido, de cerdo, de animal, de deseoso, de vulnerable. Mi verga brillaba palpitante al son de tus caderas. Esa tensión de mi piel, ese brillo de mis ojos. No has podido resistirte. Tus dedos penetraban tu agujero al ritmo que mi polla marcaba para hacerme saber cuánta impudicia te cabe dentro. Hebras de placer emergían de tu coño. No sé por qué tu lascivia se confunde con mis ojos y me quieres ahí parado, detenido, solo mirándote, solo mirándonos. Brutos. Vertebrados de sexo y nada más. Así. Esencia.



(No puedes llegar a imaginar cuánto placer me produce esa visión, es como ver algo certero. Es como mirar una verdad, oculta para ti hasta hace poco, sin miedos, de frente).

La leche del butanero.


¿A quién se le ocurre abrirle la puerta al hombre de la bombona de gas, al butanero, vestida con un escueto camisón de dormir rojo? Las prisas por que no pasara de largo el camión por la mañana temprano y te quedaras sin gas todo el fin de semana te han llevado a ello. La prenda te cubre justo tus intimidades: tus jóvenes y firmes senos de chica de 19 añitos, tu entrepierna y los macizos glúteos. Ahí termina la tela roja, coincidiendo con el final de tu culito, un par de centímetros más abajo.

La presencia del hombre en tu piso alquilado de estudiante debe durar poco, lo que tarde él en llevarte la bombona hasta la cocina y el tiempo que tú emplees en pagarle. Será un minuto, dos tal vez. No verá nada comprometedor, si no sucede ninguna anomalía, simplemente a una jovencita ligera de ropa.

Cuando le abres la puerta, se queda asombrado por lo que tiene delante. Te recorre en un segundo con su mirada, como si quisiera devorarte por completo. Se fija en tus pechos ocultos desnudos bajo el camisón, en tus muslos, luego te mira directamente a los ojos aún con la boca abierta. En ti se mezcla una doble sensación de halago (¿quién no se siente bien al provocar ese reacción en otra persona?) y de incomodidad por la situación. Le dices que te siga hasta la cocina. Un par de pasos detrás de ti el hombre se deleita ahora con el majestuoso espectáculo de tu trasero en movimiento, mientras su polla crece de tamaño bajo el pantalón del uniforme de la empresa de gas. Con tu caminar el final del camisón se levanta un poco y deja ver el inicio de los glúteos. El butanero no pierde detalle y ha visto ya esa parte de tus nalguitas al tiempo que siente su miembro cada vez más erecto y tieso. Ya le has indicado dónde debe colocar la bombona de gas y él saca la que está vacía y la reemplaza por la nueva.

Llega el momento de pagarle. El hombre no deja de contemplarte cada vez con más descaro. Te pones un poco nerviosa ante las miradas lascivas del individuo y esto hace que al abrir tu monedero para extraer el dinero varias monedas se te caigan al suelo. Tu reacción instintiva es la de inclinarte con rapidez para recogerlas, sin pensar en que al hacer este brusco movimiento el camisón se te subirá por detrás hasta dejar al descubierto completamente tus glúteos. Y justo eso es lo que sucede: mientras te inclinas para recoger una de las monedas, todo tu esplendoroso trasero, sin bragas, sin una mísera tira de un tanga que se hunda en tu rajita y al menos oculte la última parte del culo, desnudo, queda a la vista del hombre del gas. Te das cuenta de lo que ha ocurrido al sentir el camisón sobre la parte baja de la espalda. Te levantas inmediatamente pero aún quedan más monedas en el suelo. El hombre no hace nada por cogerlas, sino que espera a que seas de nuevo tú la que tengas que agacharte. Lo vuelves a hacer, esta vez con más cuidado pero no puedes evitar que otra vez te quedes semidesnuda ante los ojos deseosos del individuo. Tus mejillas se enrojecen de la vergüenza y recoges al fin la última moneda. Antes de que puedas reincorporarte, notas sobre tus nalgas algo duro, caliente y un poco húmedo a la vez en la parte final. Giras un poco la cabeza y confirmas tus “sospechas”: el hombre del gas se ha sacado su polla y la tiene pegada a tus glúteos, rozando piel con piel. No quieres ni moverte, estás paralizada. Y eso es lo malo: al no reaccionar, al no rechazar las intenciones del butanero, éste se envalentona y comienza a restregarla sobre tus nalgas y a deslizarla sobre tu raja del culo. Sigues sin apartarte lo más mínimo, sin reprocharle su actitud, sin gritarle que pare.

¿Qué es lo que te ocurre? ¿Por qué no se lo impides? ¿Por qué dejas que un desconocido maduro te haga eso? Yo lo sé: cuando escuchaste la llegada del camión del gas, te estabas masturbando, estabas haciéndote unos dedos y esa llegada te interrumpió en plena excitación, cuando se acercaba el momento de la explosión de placer. Te pusiste el camisón de forma apresurada para cubrirte un poco para cuando entrase el individuo. Pero tu coño estaba empapado y palpitando, quería seguir y que terminaras lo que habías empezado, al igual que tu ano, al que también habías estado perforando con varios de tus dedos. Pensabas continuar en cuanto se marchara el butanero, pero ahora acababas de sentir su miembro gordo sobre tu trasero, ese movimiento, la humedad de la punta, la fricción sobre tu raja…y ardías por dentro, te quemaba el deseo. Ya no harían falta tus delgados dedos: tenías una auténtica polla a tu disposición.

El individuo entiende que con tu falta de reacción le das permiso para hacer lo que quiera y no tarda en despojarte del camisón hasta dejarte en pelotas ante su mirada. Tú, sin embargo, mantienes la postura, inclinada, con el culo en pompa. Se lo estás ofreciendo, es una tentación para el maduro. Pone las manos sobre tus nalgas, te las separa y de un golpe seco te clava toda la tranca hasta el fondo. Lanzas un grito de dolor y de placer al mismo tiempo y comienzas a notar el continuo e incesante bombeo de aquella polla venosa y gruesa. Te está partiendo el culo con una maestría y experiencia innegables. El individuo empuja cada vez más fuerte, más rápido y acompaña sus embestidas con cachetadas sobre tus blancas nalgas que pronto comienzan a enrojecer ante esas palmadas sin piedad. Tu sexo te quema, arde, y los flujos te chorrean por la cara interna de los muslos, piernas abajo. El ritmo de penetración es ya frenético y estás a punto de llegar al orgasmo. Al hombre tampoco le queda mucho para correrse. Un empujón más con las caderas, otro más fuerte. Notas como su polla te llega hasta lo más profundo, y estallas de placer por fin de manera descontrolada. En pleno éxtasis sientes cómo la leche hirviendo del butanero fluye a chorros desde su glande hasta tus entrañas dejándote llena entera.

El hombre no retira su verga hasta derramar dentro la última gota. Luego te saca el pene de golpe, toma tu camisón del suelo, se limpia con él los últimos restos de esperma sobre la punta de su miembro y vuelve a arrojar la prenda al suelo, antes de meter su verga dentro del pantalón y marcharse de tu casa, dejándote desnuda y con el ano bien follado y rezumando blanco y viscoso semen.

Despertar con ella

Al despertar, noté el blanco líquido aún caliente sobre mi cuerpo. Jamás hubiera imaginado cuando dejé a mi hermano pequeño venir a mi cama, que aprovecharía mi sueño profundo para hacer quien sabe qué, pero las pruebas quedaron sobre mi piel.

Quizás no le diga nada, haga como que no me di cuenta, quizás lo invite a dormir de nuevo a mi cama esta noche, pero esta vez intentaré mantenerme despierta y que así no sea él el único que disfrute.


 Espero volver a notar esa cálida leche sobre mi de nuevo, o aún mejor, dentro.

Al despertar, noté el blanco líquido aún caliente sobre mi cuerpo. Jamás hubiera imaginado cuando dejé a mi hermano pequeño venir a mi cama, que aprovecharía mi sueño profundo para hacer quien sabe qué, pero las pruebas quedaron sobre mi piel.

Quizás no le diga nada, haga como que no me di cuenta, quizás lo invite a dormir de nuevo a mi cama esta noche, pero esta vez intentaré mantenerme despierta y que así no sea él el único que disfrute.


 Espero volver a notar esa cálida leche sobre mi de nuevo, o aún mejor, dentro.

Al despertar, noté el blanco líquido aún caliente sobre mi cuerpo. Jamás hubiera imaginado cuando dejé a mi hermano pequeño venir a mi cama, que aprovecharía mi sueño profundo para hacer quien sabe qué, pero las pruebas quedaron sobre mi piel.

Quizás no le diga nada, haga como que no me di cuenta, quizás lo invite a dormir de nuevo a mi cama esta noche, pero esta vez intentaré mantenerme despierta y que así no sea él el único que disfrute.

El Sitio de Mi Recreo

"Donde nos llevó la imaginación,

donde con los ojos cerrados

se divisan infinitos campos."

Tumbada sobre la cama, con una pierna flexionada, completamente desnuda. Me deslizo desde tu rodilla, por la ladera que forma tu muslo, hasta desembocar en el precioso valle que hay entre tus piernas.

"Donde se creó la primera luz 


germinó la semilla de cielo azul 


volveré a ese lugar

donde nací."

Tu monte de Venus es la puerta que lleva al cielo, cielo de labios carnosos, suaves, jugosos, sabrosos. El tiempo se detiene mientras contemplo sus mil rincones, mil formas de placer, te abres para mí.

"De sol, espiga y deseo 


son sus manos en mi pelo, 


de nieve, huracán y abismos, 


el sitio de mi recreo." 


Cuando deslizo mi lengua por tu lugar más sagrado, todo tu aroma se queda en mí. Te retuerces, me empujas, pides más, te ofreces. Me lleno de ti, de tu sabor, de tu aroma me pierdo en tu lugar más sagrado.

"Viento que a su murmullo parece hablar 


mueve el mundo con gracia, la ves bailar 


y con él, el escenario de mi hogar."

Gimes, te retuerces, jadeas. Me pides que no pare, que siga hasta el final. Te vas correr, lo notas, crece en ti como un volcán. No quieres ni puedes aplazarlo, quieres explotar ya, en mi cara, dejarme impregnado de ti.

"Mar, bandeja de plata, mar infernal 


es su temperamento natural, 


poco o nada cuesta

ser uno más."

Estallas, con movimientos bruscos, me muevo contigo para no separarme ni un milímetro de ti. Gritas, tu cuerpo tiembla convulso, me empujas para separe de ti. Una vez más y como siempre un orgasmo brutal, fantástico.

"De sol, espiga y deseo... 


Silencio, brisa y cordura 


dan aliento a mi locura,

hay nieve, hay fuego, hay deseo, 


ahí donde me recreo."

Caricias, besos suaves, mientras todo vuelve a la calma. Relax. No quiero salir de allí, de mi posición privilegiada entre tus piernas, El Sitio de mi Recreo.

Habíamos hecho esto varias veces

. Era tan solo un reflejo porque hacía rato había dejado de luchar. Maniatada boca arriba en la cama, con los brazos y las piernas abiertas y extendidas, no había beneficio alguno en resistir.

Habíamos hecho esto varias veces, y la última vez Julia me había desafiado. Creo que sin conocerme lo suficiente había deslizado que yo no era lo suficientemente sádico para ella, cuando la realidad era que yo siempre me contenía, con cierto temor de soltar toda la perversión que ella generaba en mí con esos ojos que pedían más; con ese cuerpo firme y blanquísimo como sus dientes de apenas veintidós años.

Bajé la vela y terminé de pintar una pequeña cruz azul sobre su vientre. La tomé de la nuca con mi mano derecha y puse mi cara sobre la suya mirándola a los ojos. Le advertí que iba a extender línea horizontal de la cruz hasta sus pezones, y le dije que si escuchaba un quejido siquiera, entonces tendría que extender la cruz hacia abajo también, y que la cera iba a sentirse muy caliente en su clítoris. Dejó escapar un suspiro pero ahogó un grito cuando la cera alcanzo su pezón derecho. Yo no podía olvidarme de su desafío. Bajé la vela aún más mientras la llevaba hacia la izquierda, y al llegar a su otro pezón la incliné de golpe haciendo que soltase un generoso chorro de cera. Julia gritó.

Inmediatamente después de gritar abrió muy grandes los ojos, y buscó los míos. La miré como quien mira a un mártir, con admiración y algo de incomprensión. Mantuve la mirada esperando su rendición, la santa palabra que pondría fin a su suplicio. Sólo encontré la profundidad sin fondo en sus ojos negros y eso me excitó como nunca en mi vida antes. Julia ni siquiera pestañó cuando separe los labios exteriores con dos broches de acero. Ahí estaba yo con la vela azul en mi mano y con ella totalmente abierta y vulnerable. Volví a tomarla de los cortos cabellos de su nuca y acercarle mi cara para solamente decirle: “so be it”. y comencé a mover la vela muy despacio desde su pecho hacia abajo, reduciendo cada vez más la distancia a entre la vela y su piel. Al pasar por su ombligo y cubrirlo de azul, la vela estaba a apenas unos veinte centímetros. Hice una pausa y la miré antes de extender la línea sobre su pubis perfectamente depilado. Había lágrimas en sus ojos pero ni una palabra. Ni un gesto hacia mí. Mi mano libre estiró bien su piel haciendo que su hinchado y rosado clítoris quedase completamente expuesto. Acerqué más la vela y la incliné sólo un poco, dejando que tres gotas hicieran que todo su cuerpo temblara. Los negros ojos me miraron y al fin se entreabrió su boca y un susurro tímido suplicó que me detuviese. Yo le retiré entonces la mirada y, fingiendo no haberla oído, sólo sonreí.

La casa de los mil polvos

Aquel fin de semana en el que mi padre no estaba, aprovechamos mi madre y yo para visitar a una familia amiga de mis padres, a la que mi padre últimamente no quiere ni ver ni que les veamos por motivos hasta entonces desconocidos.

Para mi sorpresa nos llevan, después de invitarnos a comer, a una hermosa playa desierta donde nos desnudan y violan repetidamente a mi madre, a la que previamente han drogado.

Estos hechos los he narrado en el relato anterior y ahora volvemos de la playa en el todoterreno que conduce Antón, el cabeza de familia, y, en el asiento del copiloto, Lola, su mujer.

Detrás vamos Junior y Toni, los hijos, yo y, por supuesto, mi madre, la auténtica protagonista de esta historia, que yace, completamente desnuda, tumbada bocarriba sobre una toalla en el suelo.

Los asientos de atrás están colocados en grupos de dos a los lados del todoterreno, de forma que los de un lado están frente a los del otro, y en medio un espacio donde está mi madre, durmiendo plácida y profundamente por las drogas que la han suministrado.

Mi madre es una hermosa mujer de unos treinta y siete años, de poco más de un metro sesenta y cinco, con unas hermosas tetas grandes y erguidas, un culo firme y respingón, y un par de piernas largas y esbeltas. Entre sus piernas exhibe una fina franja de vello púbico que apenas la cubre la vulva y que permite ver perfectamente unos hermosos labios vaginales entreabiertos con tanta follada a la que han sometido.

Frente a mí están sentados los dos hermanos que, mientras me vigilan, no dejan de observar la desnudez de mi madre.

Sonriendo no paran de dirigirme comentarios obscenos sobre mi madre, sobre lo que la han hecho y sobre lo que la iban a hacer:

    ¡Vaya melonazos que tiene tu puta madre, mira que están sabrosos!
    Si fuera mi madre, yo todavía no hubiera nacido, por estar dentro de su coño, follándomela.
    Si fuera mi madre, tu padre dormía en la calle todas las noches.
    Ahora no podrás decir que no has visto follar a tu madre, porque ¡vaya si la has visto!
    Si te ha gustado como nos hemos follado a tu madre, ya verás lo que la espera. ¡Va a tener más agujeros que una regadera!
    No solamente nos la hemos follado todos, sino que la hemos dado por culo y nos la hemos follado por la boca.
    Si, se puede decir que nos la hemos follado por todos sus agujeros. Aunque todavía nos falta los agujeros de las orejas, de la nariz y por los ojos.

El coche ya no bota, ha salido del camino de arena y ahora vamos por una buena carretera sin recta ni baches.

El mayor se saca la polla.

La tiene tiesa y dura, de un tamaño muy superior al mío y muy congestionada.

Se quita el bañador, se levanta y me dice, sin dejar de sonreírme.

    Mira, chaval, te voy a hacer una demostración de cómo me follo a tu madre, por si no lo has visto bien. Toma nota.

Se pone a los pies de mi madre, la sujeta por los muslos y la abre de piernas, colocándose entre ellas, exclamando:

    ¡Hummmm, vaya coño más jugoso!

Coloca su verga en la entrada a la vagina de mi madre, y, apoyándose en sus brazos, se la va metiendo poco a poco, exclamando:

    ¡Qué rica, que rica!

Se la mete hasta el fondo, y la vuelve a sacar no del todo, para volver a metérsela lentamente, disfrutando, una y otra vez.

Oigo gemir a mi madre, que, entre sueños, disfruta, mojándose los labios con su lengua sonrosada.

El hermano pequeño me dice:

    ¡Ves como la gusta, como la gusta que se la follen!

 No puedo aguantar más, y, contra mi voluntad, grandes lagrimones se deslizan por mis mejillas.

Al verme llorar, Toni comienza a reírse, a mofarse de mí.

    ¿Qué te pasa, llorica? ¿No te gusta que nos follemos a tu madre? ¿Qué creías que era? ¿la Virgen María?

Está embalado, triunfante, de haber podido quebrar mi espíritu.

    A saber cuántos se la han pasado por la piedra.
    ¿No sabes si ha tenido algún novio antes de casarse? Ese seguro que no ha parado de follársela. Virgen al matrimonio no ha llegado, no.
    ¿No has visto a algún vecino o a algún amigo de tus padres que estuviera mucho por casa? Aprovecharía que tu padre no se daba por enterado o no estaba, para metérsela hasta el fondo.
    ¿Qué me dices del fontanero? Seguro que la desatascaba las tuberías y se las dejaba bien limpias y relucientes.
    ¿Y del chico que la subía todas las semanas la compra a casa? Juraría que era porqué tu madre bien que le subía el nabo, y él esperaba algo más que unas monedillas de propina.
    ¿Cuántos revolcones la habrá echado y cuantas veces el chico lo habrá contado en el supermercado y en el bar a sus amigotes? Lo contaría con todo lujo de detalles y luego habría peleas para ver quien llevaba la compra a la señora, para ver quien se la follaba esta vez.
    ¿No tenías un profesor que siempre te suspendía y que te tenía manía? ¿No fue un día tu madre a hablar con él, y a partir de entonces comenzaste a aprobar? ¿No creerás que fue porque estudiaste más? ¿No sería por qué tu madre se bajó las bragas y la dieron un buen repaso?
    Y ¿en la calle? ¿nunca la has seguido y has visto cómo se metía sola en cines oscuros? ¿cómo volvía de la calle despeinada y turbada? Seguro que volvía sin bragas, con su conejito bien caliente, y esperma de hombre deslizándose por el interior de sus muslos.
    ¿No las visto nunca las rodillas magulladas? Sería de ponerse rodillas para comerle la polla a alguien.
    ¿Y algún chupetón en el cuello o un mordisco en el escote? Me imagino lo que escondería bajo su ropa, marcas de algún amante frenético que después de follársela hasta la extenuación, solamente faltaba que la devorara.
    Seguro que tu madre, con ese cuerpo que tiene, ha trabajado de puta, haciendo la calle y comiendo pollas en callejones inmundos a borrachos meones que la estrujaban y babeaban las tetas.
    ¿De dónde crees que sacaba dinero para comprarte ese regalito que tanta ilusión te hacía? Pues de abrirse de piernas y simular un orgasmo tras otro.

Mientras el hermano pequeño me aturde, el mayor continúa follándose lentamente a mi madre, concentrado, sin decir nada, como si la voz de su hermano fuera simplemente música de fondo.

El pequeño continúa:

    ¿No sabes que paso aquella vez que fuimos a vuestra casa?  ¿Porque tu padre no ha querido volver a vernos y os ha prohibido que nos vierais? No me digas que nunca te lo has preguntado, si se llevaban tan bien tus padres con los míos, ¿no? ¿nunca te lo has preguntado?
    Pues bien, te lo contaré. Tu padre pilló a los míos follándose a tu madre en su inmaculada cama de matrimonio. Y cuando intentó evitarlo, mi padre le dio por culo, le sodomizó  a él también, ayudado por mi madre.

Me quedé perplejo escuchando, imaginándome la escena, pero el narrador continuaba.

    No recuerdas que el año pasado tu padre tuvo que operarse de hemorroides. ¿Qué estuvo sentándose en casa durante semanas sobre almohadones y qué cuando iba al servicio lo oíais gritar de dolor a través de la puerta?

Sí que lo recordaba, horrorizado, pero pensaba que era por el trabajo, por la comida, pero nunca porque le hubieran dado por culo.

    Pues bien, la puta de tu madre, mientras sodomizaban a tu padre, se quedó contemplando la escena sin hacer nada por evitarlo, pero bien que tuvo luego su premio porque luego la tocó a ella.
    Toda la familia pasó en procesión de su chocho a su culo y de su culo a su chocho, como si fuera la kaaba durante el ramadán y nosotros, los peregrinos, diéramos una vuelta tras otra alrededor suyo.

Yo ya estallé, chillando, entre sollozos.

    Estaría drogada, como ahora, que os la habéis follado después de drogarla. ¡Cobardes!

Grandes carcajadas inundaron el coche. También los padres ahora reían, a carcajadas.

El pequeño continuó.

    No creas que está tan drogada, no más de lo que lo estás tú, que habéis tomado lo mismo, y ¿cómo te encuentras?, bien, ¿no?  Pero es que a ella le va la marcha, y a nosotros nos da darla marcha.
    ¡Es una auténtica zorra calentorra! Ya verás como no es necesario drogarla para calentarla, más bien hay que drogarla para enfriarla, antes de que reviente a polvazos.

Ya estábamos llegando al destino, el coche aminoró la marcha y el hijo se calló al fin, dándome descanso, un inquieto descanso a la espera de lo que podía venir ahora.

Miré por la ventanilla, y vi la entrada a un chalet enorme, con un jardín lleno de árboles, y varios perros gigantes que ladraban dando la bienvenida a sus dueños.

El coche entró al garaje que estaba debajo de la casa, y, una vez aparcado, el hijo mayor dejó de penetrar a mi madre cuando su padre abrió la puerta trasera del coche.

Este la cogió en brazos y se la llevó escaleras arriba dentro de la casa, con los demás siguiéndole.

Pasamos por varias habitaciones hasta que el padre entró con mi madre en una, y a mí el hermano mayor me impidió entrar, bloqueando la puerta.

Pero desde el marco de la puerta, pude ver como colocaba a mi madre sobre un colchón colocado en el suelo, y se daba inmediatamente la vuelta, caminando hacia donde entró.

La estancia era bastante grande, pero desprovista de adornos, solamente estaba la cama y poco más.

Apagó la luz de la habitación y cerró la puerta tras él, dejando a mi madre sola.

Me llevaron a la cocina para que tomara algo, y el padre se quedó vigilándome, mientras los demás desaparecían.

El padre me amenazó muy serio:

    Mira, chaval, escucha. No queremos hacerte daño ni a ti ni a tu madre, pero si nos ocasionas problemas vamos a ser muy duros contigo y con ella.

Hizo una breve parada para que asimilara lo que me estaba contando.

    Vamos a rodar escenas para una película porno en la que tu madre va a ser la protagonista, pero queremos que sea totalmente natural, por lo que ella no debe saber nada.

Otra breve parada y continúo, haciendo breves paradas entre frase y frase.

    Una vez hayamos acabado os devolveremos a vuestra casa y tu madre no recordará nada de lo que ha sucedido, y si recordará algo pensaría que es una pesadilla o un sueño erótico que ha tenido.
    Si no hay problemas, que no debe de haberlos, estaréis de vuelta a vuestra casa mañana mismo antes de que vuelva vuestro padre.
    Por supuesto, él no debe saber nada de lo que ha ocurrido, porque si lo supiera y quisiera tomar algún tipo de medidas contra nosotros, iba a tener muy serios problemas.
    ¿Me has entendido?

Ahora me tocaba a mí responder y, muy asustado, en voz baja, le dije un escueto “Sí”, que tuve que repetirle un par de veces para que me oyera.

Aparecieron por la puerta los dos hermanos, en pelota picada, enseñando sus enormes atributos.

Al verlos el padre se fue rápidamente con ellos, y, señalándome con el dedo, todavía pudo indicarme:

    Quédate aquí hasta que venga mi mujer.

 Marchándose, le oí gritar:

    ¡Lola, Lola! ¡Sal ya que te dejo al chaval en la cocina!

Pero ¿a dónde iban así? A continuar follándose a mi madre, estaba claro, y con las cámaras, como testigos para inmortalizar el momento, grabando.

No me atrevía a seguirles por miedo, como era mi deseo, pero enseguida apareció corriendo la madre, todavía mojada de la ducha, con un sostén de donde se le salían las domingas, y un pequeño tanga semitransparente que solamente le cubría la sonrisa vertical, ambas prendas de color negro.

    ¡Joder, con las prisas, que no puede una ni lavarse ni vestirse en paz, coño!

Fue lo primero que exclamó, muy enfadada.

Mis ojos se clavaron en sus tetazas, pero la oí decirme.

    ¿Ya has acabado de comer? Pues venga, vete conmigo que te enseño donde vas a dormir.

Mis ojos pasaron de sus tetas a su culo cuando se dio la vuelta, y lo seguí como hipnotizado cuando comenzó a caminar.

Cruce varias habitaciones pero solo tenía ojos para ese enorme culo que se bamboleaba en cada paso que daba.

Llegamos a una que debía ser mi dormitorio, ya que había una enorme cama pegada a la pared. ¿Rodarían también aquí películas porno? Seguro que sí.

La cama no tenía sabanas, así que Lola acercó una silla a un armario que había empotrado en la pared  y, abriéndolo, se subió a la silla dándome la espalda y comenzó a buscar ropa de cama en el estante superior.

Mis ojos casi se salen de las órbitas  al ver ese culo prieto tan próximo y acerqué todavía más mi cara y mis manos, pero antes de que pudiera magreárselo y comérselo, se bajó y me dio con sus glúteos en mi boca y nariz, empujándome violentamente hacia atrás.

¡Qué duros estaban! ¡qué daño me habían hecho! ¡casi me rompen la nariz y los dientes!

Tambaleándome, con los ojos cerrados, la oí decirme, mientras me sujetaba:

    ¡Qué cacho mordisco me has dado, cabrón! ¡en la mitad del cachete! Pero ¿qué coño estabas haciendo?

Podía haber contestado “¡Preparándome para meter mano a tu enorme culo de puta gorda!” pero el dolor me lo impidió.

Mis manos se posaron quizá en su cintura, porque, al abrir sus ojos, se giró hacia la cama dejándome medio conmocionado con una sábana sobre mis brazos.

Llevaba en los brazos otra sábana a medio desdoblar y, agachándose la puso sobre la cama, comenzando a remeterla en el colchón.

Otra vez mis ojos fueron a su culo prieto y moreno, casi negro, sin una sola marca de bañador, lo que indicaba que tomaba el sol desnuda.

Como no llegaba a remeter la sábana por la otra parte del colchón, se puso a cuatro patas sobre la cama, gateando encima.

Su tanga desparecía entre los dos cachetes, y la vulva se transparentaba permitiendo ver nítidamente los labios púbicos.

¡No me lo podía creer! ¡Ese enorme culo negro se me ofrecía como una sabrosa tarta de chocolate ¡Y yo con un hambre enorme! ¡Mi cipote había crecido, con vida propia, pugnaba por romper mi bañador o salir por arriba en busca de una presa, como si fuera un depredador legendario, Penetrator Rex!

Estiré mis brazos y, agarrando los bordes superiores del tanga, tire de ellos y se lo baje lo máximo que pude, hasta medio muslo.

La oí quejarse.

    Pero ¿qué haces, coño?

Mi mano derecha se disparó a su vulva, ya sin adornos, y la dio una buena pasada, de arriba a abajo y de abajo a arriba.

Estaba húmeda y blandita, jugosa como una dulce breva madura.

Dio un respingo, jadeando e intentó recular para ponerse en pies, pero mi mano sobre su trasero y mis dedos dentro de su vagina, se lo impidieron.

Aproveché un momento que dudaba para soltarla el sostén y sacarme la verga.

Se revolvió y empujó hacia atrás, casi logrando levantarse, pero me tumbe bocarriba sobre ella, empujándola hacia abajo que cayó bocabajo sobre la cama conmigo encima y mi cipote duro sobre su culo.

Se quedó quieta un momento y me preguntó:

    ¿Qué quieres? ¿huir? No lo conseguirás y puede que hasta te maten, a ti y a tu madre.

Con mi boca pegada a su oreja la dije lentamente en voz baja.

    No, no es eso. Tú ya sabes lo que quiero: Follarte.

Se agitó intentando escapar. Era como si estuviera encima de una yegua salvaje de la que no quería desmontar.

Mi verga tiesa se restregaba y apretaba una y otra vez sobre sus duras nalgas.

Volvió a quedarse quieta, jadeando por el esfuerzo.

Me moví un poco hacia los pies de Lola con el fin de metérsela allí mismo, por el chocho o por el culo, lo mismo me daba.

Apreté con mi polla buscando a ciegas un agujero donde metérsela, pero no lo encontraba, solamente carne prieta.

Moví mi mano para encontrar un hueco en su culo para poder follármelo, cuando Lola, en un movimiento brusco, logró desplazarme.

Luché desesperado con ella para que no escapara, agarrándola tetas, culo, lo que fuera, retorciéndonos en nuestra lucha encima de la cama, chillando, jadeando por el esfuerzo, pero era muy fuerte.

Estaba ya levantada, cuando agarrándola logré derribarla encima de mí de forma que su vulva quedó encima de mi boca, por lo que aproveché para, sujetándola por las nalgas, empezar a lamerla rápidamente el chocho.

Estaba húmero y jugoso, con un sabor como de naranja, posiblemente debido al gel que había utilizado para ducharse.

La oí gemir entre el placer y la sorpresa, e intentó levantarse, pero la sujeté fuertemente por las nalgas.

Sorprendentemente, comenzó ella también a sobar y lamer mi cipote erecto.

Se convirtió en un 69, yo debajo y ella encima. Lamimos y lamimos durante un buen rato, hasta que de pronto ella al notar que mi abrazo se había aflojado, se levantó.

Pensaba yo que ella ya había escapado, pero lejos de hacerlo, se montó a horcajadas sobre mí,  mirándome a la cara, y, utilizando su mano derecha, se metió mi cipote dentro de su vagina, comenzando a cabalgar sobre ella.

Sus manos fueron a mi pecho y las mías a sus nalgas prietas y a su cadera.

Sus enormes tetas se bamboleaban delante de mi cara por los movimientos que hacía, y mis manos fueron a sus melones, acariciándolos, sobándolos, magreándolos.

Gemía y jadeaba en cada subida y bajada, cada vez que se movía mi verga dentro de su coño, hasta que, de pronto, noté que me iba, y me fui.

Uno de los orgasmos más fuertes que recuerdo.

Ella se paró, y con mi pene dentro, comenzó a masturbarse con su mano derecha, masajeando frenéticamente su clítoris, hasta que chillando, también tuvo su éxtasis.

Dos o tres segundos fueron suficientes para que se recuperara, y se levantó, cogió su ropa y se marchó diciéndome.

    Ahora la cama la haces tú.

Cerró la puerta a sus espaldas y allí me quedé yo, solo pero con un buen polvo.

La noche debió de transcurrir para mí sin novedades, hasta que la luz del día y las voces que escuché a través de la puerta ahora abierta me despertaron

Hermana mayor

-¡Aya!

Aunque seguía sin hacerle ninguna gracia que la llamara de aquella forma despectiva, Soraya no daba muestras de su enfado. Con templanza y seguridad contestó al mocoso que la reclamaba a lo lejos.

-¿Qué quieres, Pol?

Mientras se dirigía a su propio cuarto, de donde provenían los gritos del joven de 18 años, oyó la maleducada contestación.

-¿No tienes ni un puto tanga? ¡Vamos, no me lo puedo creer!

Soraya se quedó en la entrada de su habitación, apoyada con resignación en el marco de la puerta observando al chico moreno, de pelo rapado, que le había desordenado el cajón de la ropa interior.

-¿Se puede saber qué haces?

-Quiero hacerme una paja con tus bragas – la desafió, sereno.

-¿Y crees que esta es la mejor forma de hacerlo? ¿No has pensado que sería mejor pedir permiso antes de venir aquí e invadirme la intimidad?

Se dirigió hacia el rincón del cuarto donde el chico rebuscaba en el cajón y se dispuso a recoger las prendas que estaban tiradas en el suelo.

-Esta es mi casa y hago lo que me sale de los huevos… nunca mejor dicho – sonrió al darse cuenta que pensaba manchar las bragas de la inquilina precisamente con el semen que le saliera de los testículos.

-Esta no es tu casa. Es la casa de tu madre y es ella la que me ha abierto las puertas. No tienes ningún derecho a…

De repente, al agarrar la prenda que Pol sujetaba, ambos forcejearon por quedarse con la braga. La fuerza del chico era mucho mayor que la de la atractiva treintañera, que no se acobardó, cayendo finalmente sobre la cama con todo el peso de su oponente sobre ella.

-Esto me va a ayudar a fantasear mientras me la meneo – le susurró a escasos centímetros del rostro de Soraya.

-No tengo tangas, así que búscate otro jueguecito - le soltó sin amedrentarse ni apartar la mirada.

Pol subió su mano, adornada debido al tatuaje que le recorría todo el brazo, por la parte externa de la estilizada pierna de la mujer.

-Te juro que algún día me correré en tu cara.

Soraya empujó con todas sus fuerzas al chico, quitándoselo de encima y quedándose en su poder con la braga por la que habían forcejeado. Se alzó y lo miró desafiante.

-Ya sufrí vejaciones y amenazas en el pasado. No me va a asustar un niñato como tú. Lárgate de mi cuarto. Y cuando quieras unas bragas mías me las pides con respeto. Si así lo haces igual te las regalo y no me importa lo que hagas con ellas – se giró para seguir recogiendo la ropa interior desperdigada.

-Pero la gracia está en que vuelvas a ponértelas – sonrió el chico con malicia mientras se alejaba abandonando la habitación sin lo que había ido a buscar.

Soraya se estiró sobre la cama. No llevaba ni medio año en la casa así que supuso que era normal que Pol aún no mostrara claros síntomas de mejoría. Con cierta tristeza recordó cómo había empezado todo.

-¿Pol? – su madre lo llamó con delicadeza, asustada – Pol, ¿puedes acercarte un momento, por favor?

Soraya estuvo tentada de intervenir, pero se contuvo. No quería empezar mal y prefería causar buena impresión al muchacho.

-Disculpe, hermana, debe estar en el cuarto con la música – se excusó la desvalida madre.

-No se preocupe, Silvia. Y puede tutearme – le sonrió afablemente.

-De acuerdo – le devolvió la sonrisa - ¡Pol! – ahora gritó más, recuperando al instante el semblante sombrío.

De repente, de la nada, apareció un chico malhumorado, caminando con los brazos ligeramente separados del cuerpo, desafiante.

-¿Qué coño quieres? – le gritó a su madre.

-Mira, esta es Soraya.

El joven la miró y, al momento, comenzó a reír.

-¿Se puede saber de qué te ríes? – le preguntó la invitada, con seguridad.

Aunque la monja no vestía el hábito tradicional, era fácilmente reconocible por el tocado que cubría su cabeza.

-¿Sor Soraya o sor Aya? – recalcó la broma.

-Soraya a secas está bien – sonrió aparentando que le había hecho gracia el comentario.

-Pues te llamaré Aya, sor Aya – y rió a carcajadas.

-Disculpa sus modales – se excusó Silvia.

De repente, el chico se puso como una fiera.

-¡¿Qué putos modales?! ¿Es que acaso he dicho algo mal? ¡Ostia puta! – y alzó la mano amenazando a su madre.

Soraya se interpuso entre ambos.

-¿Pol, verdad? No creo que quieras hacerlo.

-¿Y qué coño sabrás lo que yo quiero o dejo de querer?

La madre del descontrolado adolescente comenzó a sollozar mientras la monja intentaba calmar al muchacho.

-No creo que pegar a una madre sea algo de lo que te puedas sentir orgulloso.

-Es que no la aguanto – se mordió la lengua, mostrando la rabia que estaba conteniendo.

-¿No la aguantas por intentar ayudarte? ¿Por quererte a pesar de lo mal que la tratas? ¿Por mantenerte aunque ni estudies ni trabajes?

-¿A qué has venido, a sermonearme?

-He venido a enseñarte que no vas por buen camino y a ayudarte a salir del pozo hacia el que te encaminas sin remedio.

-¡Vete a la mierda! – se marchó dando media vuelta y susurrando por lo bajo: - Puta monja…

-¿Estás bien? – Soraya se preocupó por la madre del chico.

-Sí – mintió mientras se secaba las lágrimas – Ya ves que tiene un carácter difícil – forzó la sonrisa mientras los labios le temblaban – Pero en el fondo es un buen chico.

-No lo dudo – sonrió – Ya verás cómo a partir de ahora todo va ir a mejor. Has hecho bien en ponerte en contacto con la congregación.

-Gracias – y rompió a llorar.

Pol había sido un crío conflictivo desde bien pequeño. No sabía jugar sin correr y pegar a otros niños. Aunque no era hiperactivo, tenía la mayoría de sus síntomas. En el colegio jamás destacó por ser un buen estudiante. Era el típico gamberro que acrecentaba su maldad a medida que crecía. Sus padres jamás supieron hacer nada para remediarlo.

De adolescente ya era un pequeño delincuente. Cuando cumplió los 14 años, edad con la que perdió a su padre, comenzaron las agresiones a su madre. Primero verbalmente y, en los últimos tiempos, físicamente. La pobre mujer, desesperada, pidió ayuda al párroco de toda la vida, quién le puso en contacto con la congregación religiosa católica cuya actividad estaba enfocaba a ayudar a familias desestructuradas. Y ahí conoció a la joven monja de 36 años que ahora vivía temporalmente con ellos.

Aunque solía vestir de forma discreta, Soraya procuraba hacerlo aún más desde que Pol había empezado a insinuarse. La monja se sabía atractiva, pero jamás pensó que eso pudiera llegar a ser un impedimento en su labor.

Mientras se quitaba el único distintivo que la acreditaba, a la vista, como religiosa, dudó si debía seguir poniéndose el tocado. De pie, frente al espejo de su cuarto, recordó la primera vez que Pol se insinuó.

-Deberías pedir permiso antes de entrar a un cuarto que no es tuyo – se quejó Soraya por la irrupción de Pol en su habitación.

La monja se estaba terminando de arreglar. Vestía una falda oscura que le cubría hasta los tobillos y un sweater sencillo que se ajustaba a su torso.

-Si te hubiera pedido permiso jamás te habría visto sin la mierda esa que llevas en la cabeza.

-Se llama velo. ¿Querías algo?

-No, solo molestar un poco.

-No me molestas – se hizo la amable, esperando que el chico se marchara y la dejara terminar de arreglarse - ¿Te vas a quedar ahí como un pasmarote? – preguntó al ver que el muchacho no se movía ni decía nada.

Soraya lo ignoró y se dispuso a colocarse el tocado.

-Me gusta que lleves la mierda esa de velo. Me pone.

La monja se sorprendió ante aquella confesión. No supo cómo reaccionar. Solo se giró disimuladamente y, de reojo, pudo observar al joven mocoso sobándose la entrepierna sin dejar de fijarse en ella.

-Será mejor que te marches. Y no vuelvas a entrar aquí sin permiso. Debes respetar la intimidad de las personas. ¿O a ti te gustaría que tu madre o yo entráramos en tu habitación sin avisar?

-La cabrona de mi madre ya lo hace. A veces le partiría la cabeza – gruñó – Pero tú puedes entrar cuando quieras. Igual te llevas una sorpresa.

-¡Anda! No digas tonterías – reaccionó mientras sacaba al muchacho de la habitación casi a empujones.

“Debería haberle parado los pies esa primera vez”, se flageló Soraya terminando de quitarse el tocado definitivamente.

Esa noche, mientras todos dormían, la casa estaba en completo silencio cuando Soraya comenzó a escuchar unos extraños sonidos. Parecían gemidos o lamentos. Desvelada, se esforzó en concentrarse e intentar discernirlos. Provenían de la habitación de Pol.

La monja supuso que el adolescente se había vuelto a quedar dormido viendo una película pornográfica. No era la primera vez. Se levantó y se dispuso a corroborar la suposición. Una vez frente a la entrada de la habitación, confirmó que los gemidos procedían de allí. La puerta estaba entornada así que la empujó ligeramente y… No se esperaba ver aquello. Sobre la cama, a cuatro patas, una exuberante pelirroja sollozaba de placer debido a la estaca que Pol le clavaba con un ímpetu desmesurado.

La lógica le decía que se retirara, pero instintivamente se quedó observando la escena, intrigada. La joven muchacha era de piel blanquecina y sus grandes senos se bamboleaban con cada embestida. Tenía las bragas a la altura de los muslos, justo por encima de las rodillas, y la camiseta estaba arremolinada alrededor de su cintura. De ella se agarraba un sudoroso Pol, que usaba la tela para impulsarse en cada nueva penetración más salvaje que la anterior.

Soraya estaba estupefacta, pero aún no lo había visto todo. Consideraba a Pol como un joven macarrilla, pero un niño al fin y al cabo. Y así lo había tratado hasta ese momento. De repente, el chico de 18 años se separó de la afortunada pelirroja, dejando ver su enorme verga a la monja que los espiaba tras la puerta. La mujer, asustada, no quiso ver más. Se retiró hacia su cuarto e intentó olvidar lo que había contemplado.

Los gritos vespertinos despertaron a Soraya. Miró la hora y se sorprendió por lo tarde que era. No había dormido bien. La imagen desnuda del hombre de la casa y su endiablada verga la habían atormentado durante toda la noche. Enérgicamente se alzó y corrió hacia la cocina donde se oían los alaridos de Pol, que tapaban los lamentos de su madre.

-¡¿Se puede saber qué haces?! – intervino al ver la espeluznante escena.

En un rincón, arrodillada, Silvia intentaba cubrirse ante las patadas que le estaba propinando su propio hijo. Pol, con los ojos inyectados en sangre, la insultaba mientras ignoraba las súplicas de su madre.

Con la fuerza que el recuerdo de su pasado le daba, la monja empujó con ímpetu al chico, haciéndolo trastabillar. Él la miró desafiante, envuelto en un halo de furia.

-No te metas si no quieres que te dé tu merecido.

-Ni se te ocurra ponerme una mano encima. Ni a mí ni a tu madre. Como vuelvas a hacerlo tendrás a la policía esposándote en menos de lo que canta un gallo. ¿Me has oído?

Pol dudó un instante y Soraya se creció:

-¿¡Lo has entendido!? – ahora gritó.

El chaval contuvo su ira, lo cual aún le enfureció más. Dio un puñetazo a la pared mientras gritaba:

-¡Hija de puta! – y se marchó a su cuarto.

-¿Estás bien? ¿Qué ha pasado? – se preocupó por Silvia mientras la ayudaba a alzarse.

-Muchas gracias – soltó con un hilillo de voz, avergonzada – Solo entré en su cuarto para…

-¿Qué hemos dicho de respetar la intimidad de los demás? – le recriminó.

-Lo sé – sollozó.

-Está bien, no pasa nada – la intentó tranquilizar – Habrá algo más, ¿no?

-Estaba con una chica pelirroja… el niño solo tiene 18 años.

-¡Mujer! Ya es mayorcito para esas cosas.

-No, es un crío.

-Escucha, Silvia, para que tu hijo mejore todos tenemos que poner de nuestra parte. Yo debo aguantarle todas sus bravuconerías, pero tú debes ser más tolerante con él. Si tú no me ayudas, yo no podré ayudarle.

Tras sermonear a la madre, Soraya se dirigió al cuarto de Pol para hacer lo propio con el hijo.

-¿Se puede?

-Tú por lo menos pides permiso.

-Cosa que tú no haces – le reprochó mientras accedía al cuarto.

-Ni ella tampoco.

-No lo volverá a hacer más. ¿Puedo decir lo mismo de ti?

-No.

-¿Y te parece bien tener más derechos que el resto?

-Pues sí.

-Mientras tengas esa mentalidad no llegarás muy lejos en la vida. ¿A dónde quieres llegar, Pol? ¿Quieres ser alguien respetable o un miserable?

-Yo me hago respetar con los puños.

-Te equivocas. ¿Sabes a quién respeta la gente?

-¿A quién?

-A Stephen Hawking, un divulgador científico discapacitado incapaz de defenderse en una pelea. ¿Y sabes a quién no respeta nadie?

Ella misma respondió debido al silencio del muchacho:

-A un convicto acusado de agresión, que es el postrecito del resto de presos.

Pol sonrió y ella siguió con su discurso.

-No pretendo que cambies de un día para otro. Entiendo tus frustraciones y tu malestar. Pero lo que sí quiero es que recapacites y te des cuenta de que con esta actitud estás sentenciado al fracaso. Y, sobre todo, quiero que entiendas que tanto tu madre como yo estamos luchando para que eso no pase.

El chico la escuchaba con la cabeza agachada, introvertido.

-Mírame – le pidió la religiosa.

-No.

-Mírame – insistió, ahora más bruscamente.

Pol alzó el rostro levemente. Una lágrima recorría su mejilla. Soraya se acercó a él y lo abrazó.

-¿Cuándo echaremos un polvo? – rompió Pol el momento mientras acercaba la mano al trasero de la monja.

-¿Es que no piensas en otra cosa? – le recriminó con parsimonia mientras se separaba del joven.

-¿Eres virgen? ¿Te gustaría que te desvirgara, Aya? ¿Qué me dices? Podría enseñarte algunas cosillas…

-No eres más que un mocoso. No tienes ni idea de mi pasado. Cuando yo tenía tu edad no era ninguna santa, ¿sabes?

-Ah, ¿no? – puso cara de estar interesado.

El padre de Pol agarraba con firmeza la mano de su esposa, quién empujaba entre alaridos cada vez que el médico se lo indicaba. Después de unos minutos de una tensión incalculable, el pequeño Pol comenzó a llorar tras los golpecitos que el doctor le propinó en el trasero.

Mientras aquel bebé respiraba sus primeras bocanadas de aire, Soraya paseaba sus hermosas 18 primaveras en una noche cerrada, junto a uno de sus muchos amigos con los que solía tontear. En aquella ocasión el afortunado era Joaquín. Antes de entrar en la discoteca se habían metido unas rayas de coca y se creían los amos del mundo.

-Esta noche estás tremenda – la lisonjeó mientras hacían cola para entrar.

La adolescente vestía unos pantalones de cuero negro ajustados y una camiseta ceñida que mostraba un lujurioso escote, producto de su pecho de la talla 95 y motivo de las lascivas miradas del portero de la discoteca.

-Tú tampoco estás nada mal – le contestó ella antes de morrearse mientras Joaquín le manoseaba el culo sobre el pantalón de cuero, introduciendo los dedos entre las nalgas de Soraya.

Una vez dentro del local, la pareja no dejó de beber. Mientras él tonteaba con todas las chicas que veía, ella no paraba de bailar y disfrutar de todos los hombres que se acercaban para intentar robarle un beso. Alguno lo conseguía, pero únicamente los más guapos.

Cansado de tanta petarda, Joaquín se fue en busca de su amiga. Quería follársela. No sería la primera vez que lo hacían en los lavabos de una discoteca. Una nueva rayita y sexo con una diosa. Se le puso dura solo de pensarlo.

Mientras su amigo la buscaba, Soraya estaba liándose con un apuesto rubio en la cola de los baños. El chico no había tenido que hacer mucho para conseguirla, solamente presentarse y ponerla cachonda debido a su aspecto físico. El desconocido era guapo y estaba cachas, la joven Soraya no necesitaba más.

Cuando Joaquín los vio, se le encendió la sangre. Sin mediar palabra los separó bruscamente al tiempo que la insultaba:

-¡Puta!

Acto seguido, le soltó un puñetazo al desconcertado rubio que aún no sabía lo que pasaba. Lo noqueó de un solo golpe.

Mientras los seguratas echaban del local a la joven pareja, Soraya confesó a su amigo:

-Me has puesto cachonda.

-Y ese indeseable acabó convirtiéndose en mi marido – rebeló Soraya a Pol.

-¡Vaya! Has estado casada y todo. Es una historia interesante. ¿Me contarás más?

-Tú pórtate bien con tu madre y yo me portaré bien contigo.

-¿Quieres que le pida perdón? – se rió con aire chulesco.

-No estaría mal – se alzó para alejarse de la habitación.

-Tal vez lo haga, Zorraya – bromeó.

Esa misma noche, Pol habló con su madre. Le pidió perdón por lo ocurrido y juró que se esforzaría por cambiar siempre que ella también lo hiciera.

Al día siguiente, Soraya se levantó contenta. Por fin sus esfuerzos con Pol parecían dar resultados. Quería recompensarle, mostrarle claramente que estaba en la actitud correcta. Se arregló y salió hacia el cuarto del chico. Esta vez entró sin avisar. Se encontró a Pol aún acostado, pero despierto. El joven la miró extrañado y más aún cuando la monja le lanzó la prenda.

-No es un tanga, pero me las acabo de quitar – y se marchó sin esperar contestación.

Pol no tardó en entrar al cuarto de la monja, como siempre, sin pedir permiso.

-Aquí las tienes – le devolvió las bragas, para sorpresa de la treintañera, lanzándolas al suelo.

-¿Qué pasa, no las quieres? – se extrañó, inexplicablemente desilusionada, mientras Pol se marchaba sin decir ni mu.

La monja se dirigió a la prenda que yacía en el suelo y, al recogerla, se pringó la mano de un líquido viscoso, haciéndola sonreír instintivamente. Al desplegarla, pudo observar que la ropa interior estaba completamente impregnada del semen de Pol. “Te has corrido rápido”, pensó.

Durante los siguientes días, tanto Pol como su madre hicieron esfuerzos por intentar solventar sus diferencias, enorgulleciendo a una Soraya que se sentía enormemente dichosa. Sin embargo, la actitud del muchacho con la monja no parecía haber cambiado.

-Dime que las llevas puestas.

-¿Perdón?

-Las bragas – tras unos segundos de silencio, concretó: - donde me corrí. Dime que las llevas puestas.

-Las tiré.

-No me jodas… - aparentó decepción.

-Estaban viejas. Únicamente te las di como premio por tu comportamiento, para que hicieras lo que quisieras con ellas sin necesidad de robármelas. Nada más.

-¿Y cuál será mi próximo premio? – Soraya lo miró con incredulidad, ignorando lo que el chico pretendía insinuar - ¡Vamos! Me estoy portando de puta madre, ¿no es así?

-Cierto.

-Entonces, me he ganado un premio mayor. ¿Qué tal si dejas que te sobe un poco?

-Pol, el premio por tu comportamiento es convertirte en una persona decente y no en un desecho social.

-Que pase de mi madre no quiere decir que haya cambiado en absoluto.

-Ah, ¿no? Eras un maltratador en potencia. ¿Eso es lo que quieres seguir siendo?

-¡Qué sabrás tú!

-Escucha Pol – se puso completamente seria – lo que te voy a contar no es ninguna broma. Es mi pasado y, aunque no puedo decir que me alegre de haberlo vivido, gracias a ello ahora estoy aquí salvando tu vida, la de tu madre y la de la pobre futura chica que acabara contigo.

Se acercaba la hora y no le daba tiempo. Lo peor es que contra más tiempo pasaba más nerviosa se ponía, impidiendo concentrarse en las tareas del hogar que aún le quedaban por hacer. Joaquín estaba a punto de llegar y si no lo tenía todo listo…

-¡Hola, cariño! – soltó al entrar en casa.

-Hola, mi amor – gritó con la voz entrecortada desde el cuarto de baño.

-¿Por qué no vienes a recibirme? ¡Joder! Me gusta que mi mujer me reciba cuando llego a casa después de una dura jornada de trabajo.

-Lo siento, mi amor – se apresuró a acudir a su encuentro.

-¿Lo tienes todo listo? – preguntó, ignorando la presencia de la veinteañera Soraya.

-Bueno, estoy acabando de…

-¡¿Acabando?! ¿Tienes todo el puto día para limpiar la casa y me dices que a estas horas estás acabando?

-Lo siento, he intentado…

-¿Qué coño has intentado? ¿Follarte a un vecino?

-No, por favor, mi amor…

-Ni por favor ni ostias – se enfureció mientras se desabrochaba el cinturón del pantalón – Enséñame lo que estás limpiando.

Temblando de arriba abajo, Soraya guió a su esposo hasta el cuarto de baño.

-Solo me falta…

-¿Es aquí donde te lo has tirado? – la interrumpió – Y ahora estás limpiando las evidencias, eh, puta…

-No…

¡ZAS! De repente un correazo impactó con estruendo contra uno de los muslos de la indefensa mujer.

-Por favor… - suplicó.

-Haberlo pensado antes de follártelo.

Soraya calló. Sabía por experiencia que era mejor callar antes que intentar negar sus acusaciones. Se mordió el labio y esperó el nuevo azote. El segundo fue más doloroso. Siempre era igual.

Tras la paliza de Joaquín, Soraya estaba desnuda, tirada en el suelo del salón. Tenía magulladuras varias y el labio sangrando debido al manotazo que su marido le había dado en última instancia.

-¿Te has puesto cachonda?

Sabía lo que ahora tocaba. Aquellas sesiones de sexo la martirizaban. Era completamente humillante disfrutar de aquel hombre después de las vejaciones que le había propinado. Pero no podía evitarlo, la follaba tan excitantemente bien que lo disfrutaba enormemente, y eso la atormentaba.

-Porque yo me he puesto como una moto – se contestó a sí mismo mientras se deshacía de los pantalones que hacía rato habían perdido la compañía del maldito cinturón.

Al alzarse del suelo, dándose la vuelta, ante ella apareció una verga completamente tiesa rodeada de oscuras y verdes venas palpitantes. Dolorida, abrió la boca tal y como le indicó Joaquín. Sintió la polla golpeando el fondo de su garganta, provocándole una arcada.

Como siempre, disfrutó demasiado de aquel polvo. Tanto que cada día perdía el tiempo llorando por desear que llegara ese momento, el del éxtasis después de haber sido humillada. Se daba asco a sí misma.

-¡Joder, Soraya! – Pol había quedado impresionado con aquella historia.

-Bien, me alegra que me llames por mi nombre – sonrió, dejando atrás el semblante serio que había mostrado durante la explicación de su pasado.

-Dime dónde cojones está ese hijo de puta, que le parto las piernas.

-¿Es que no has aprendido nada? Esas no son las formas. Además, Joaquín ya no está entre nosotros.

-¿Y eso?

-Durante años deseé que le pasara algo, que llegara el día que no apareciera por la puerta después del trabajo.

-Pero allí aparecía, día tras día.

-Correcto. ¿Sabes? Por aquel entonces yo no era creyente.

-¿En serio? – se rio a carcajadas – No me jodas…

-En serio. Pero llegó un momento que mi desesperación alcanzó cotas tan desproporcionadas, que empecé a rezar. Cada mañana le pedía a Dios que me librara de aquel castigo.

“Yo no creo en estas cosas, pero si existes de verdad y eres tal y como dicen, supongo que me escucharás y tendrás en cuenta mi dolor y sufrimiento. No pierdo nada por hacer el idiota y rezarle a un Dios inexistente. ¿Quién sabe? A lo mejor existes de verdad y hacer el idiota es no pedirte ayuda…”

-Y me dirás que alguien ahí arriba escuchó tus plegarias y se deshizo de tu marido – Pol se burló de ella.

-Esa misma semana, a los pocos días, Joaquín no apareció por casa después del trabajo. Había muerto en un accidente de tráfico.

-¡No jodas! – el rostro de Pol pareció cambiar de repente - ¿Y cuándo fue eso?

-Mañana hará 5 años – el joven se quedó pálido - ¿Estás bien?

-Mañana es mi cumpleaños – susurró como ensimismado – Menuda casualidad – reaccionó al fin, quitándole importancia al detalle.

-El placer que me ofrecía el mismo hombre que me degradaba – prosiguió – hizo que mi interés por el sexo desapareciera por completo. Además, la muerte de Joaquín tras mis plegarias me cambió la vida. Así es cómo empecé a creer y entendí que mi destino era ayudar a gente que se viera abocada a la mano de Dios, sin mayor esperanza. Tal y como me encontraba yo. Tal y como se encontraba tu madre.

-Y así te hiciste monja…

-A pesar de estar aún formándome, – afirmó – fue precisamente mi experiencia pasada con los malos tratos lo que determinó que la congregación me tuviera en cuenta a la hora de llevar a cabo la santa misión de ayudaros.

-¡Amén! – se mofó nuevamente.

Esa noche, cuando Soraya se proponía a cambiarse para acostarse, Pol irrumpió en la habitación.

-Debo confesarte algo, Aya.

Aunque había vuelto a llamarla de aquel modo y seguía con la costumbre de entrar sin permiso, no pudo evitar reír ante aquel comentario.

-Lo siento, son los curas los que dan absoluciones.

-No me jodas, monjita. Te vas a burlar de tu puta madre.

-¿A qué viene ese tono? – se extrañó.

-Pues que no tienes ni idea de lo que pasó aquella tarde.

-¿Qué tarde? ¿Qué quieres decir?

-Te has vuelto creyente pensando que fue tu querido Dios el que mató a tu marido y te salvó el culo. Eres gilipollas.

-Oye, Pol, no te consiento que…

-¡Calla! ¡Joder! ¿Sabes cómo murió mi padre?

-De un accidente de… ¡No!

-Sí, ¡joder!

-No me lo puedo creer. Y cómo sabes que…

-Porque era yo el que conducía.

-Pero si tendrías…

-14 años recién cumplidos, ¡joder! Por eso me di a la fuga, con el cuerpo de mi padre estampado contra el puto parabrisas. Dejarme conducir fue su jodido regalo de cumpleaños.

-Pol… - intentó ser comprensiva con el muchacho que lloraba ante ella.

-¡No! ¡Mierda! – la apartó cuando ella intentó abrazarlo – No te das cuenta que tu mierda de devoción no tiene sentido. Es a mí a quien debes devoción. Solo a mí. Yo soy tu Dios.

-Pero, ¿qué dices?

-¡Cojones! Yo te salvé de ese hijo de puta.

-Fueron mis plegarias, Pol.

-No me jodas, Zorraya, me debes una – sonrió maléficamente – Me debes gratitud.

-No creo que debamos alegrarnos de lo que pasó aquella tarde.

-¡Oh, sí! Y tanto que vamos a alegrarnos. Y vamos a empezar ahora mismo…

Pol se alzó, acercándose a la monja que lo miraba expectante. Parecía fuera de sí.

-No sé qué pretend…

El chico la calló con una ostia.

-¿Es así como te zurraba tu marido?

Por primera vez desde que conoció al joven delincuente, Soraya sintió miedo. Vio en sus ojos la misma expresión de Joaquín antes de que el horror comenzara. Un semblante que no había vuelto a ver jamás, pero que nunca olvidaría.

La mano tatuada de Pol estrujó con fiereza el rollizo pecho de la monja, casi haciéndola gritar.

-Quiero que vuelvas a ser tan guarra como fuiste.

-Pol… - otro guantazo la volvió a callar.

-Qué bien lo vamos a pasar – soltó al mismo tiempo que estiraba con salvajismo de la camisa de la monja, haciendo saltar los botones y mostrando un sostén discreto, sin florituras.

No sabía cómo reaccionar. Estaba asustada, pero serena. Ni quería ni creía que volvería a pasar por eso, pero el recuerdo de Joaquín en la forma de actuar de Pol la tenía paralizada. Igual que cuando su ex marido le pegaba para luego regalarle un placer inconmensurable. De repente, recordó a Pol con aquella chica pelirroja. A la mente le vino la visión de su joven y fornido cuerpo y aquella verga… Se dejó hacer definitivamente.

El vándalo tiró de los tejanos de Soraya, que parecía menos guerrera de lo que aparentaba. Al ver las bragas que ella misma le había dado para que se masturbara, rió a carcajadas.

-Sabía que en el fondo eras una verdadera puta – la vejó mientras rasgaba con su dedo el sexo de la monja, por encima de la ropa interior – ¿Sabes? Estas mismas bragas sucias olían tan bien que me corrí al instante.

Soraya lo miró directamente a los ojos. Hizo el intento de hablar, pero únicamente le salió un gemido. El dedo de Pol y el recuerdo de las dos bofetadas anteriores tenían la culpa.

-Venga, te permito hablar – sonrió sin dejar de masajear la ropa interior de la religiosa.

-No puedo… - suspiró - …romper… - gimió - …mis votos…

-Tranquila. Ya los rompo yo por ti.

Pol acercó el rostro al de Soraya y le robó un beso.

-¡Ah! – gritó la mujer al sentir el mordisco en su labio inferior.

El grito se convirtió en gemido cuando Pol retiró la braga a un costado y entró en contacto con los humedecidos labios vaginales de la monja.

-Estás bien cachonda, Zorraya – rió con orgullo.

No mentía. Estaba completamente excitada, una sensación que no recordaba desde hacía 5 años. El comportamiento del muchacho y, supuso, tanto tiempo sin sexo habían hecho un cóctel explosivo. Con el dedo de Pol hurgando en su interior, cerró los ojos, dejándose llevar hasta el orgasmo. Había olvidado lo placentero que resultaba.

-Eres una monja mala – se reía mientras se desvestía.

Soraya lo observaba expectante, arremolinada en la cama, sufriendo las incongruentes sensaciones de su cuerpo y su mente. Su nuevo mundo, el que le había salvado de su nefasto pasado, se estaba desmoronando. Estaba asustada de lo que eso podía implicar, pero deseosa de ver la desnudez de Pol.

-¿Quieres verme desnudo? Te lo veo en tus ojos – ahora reía a carcajadas.

-Ya te he visto desnudo – confesó.

-¡Ah! ¿Sí? – se extrañó.

-El otro día, mientras estabas con la chica pelirroja.

Pol rió con estruendo.

-Así que me espías por las noches. ¡Joder! Sabía que eras más guarra que las gallinas, pero no tanto.

-No es eso…

-Dime, ¿te gustó lo que viste?

No contestó.

-¡Dímelo!

Silencio.

El guantazo de Pol fue considerable. A pesar del pitido que ahora sentía en su oído izquierdo, escuchó las palabras del chico.

-Si te doy permiso para hablar es para que hables. Dime, ¿te gustó lo que viste?

-Mucho – no mintió.

-Pues estás de suerte – pavoneó al tiempo que se bajaba pantalones y calzoncillos al unísono, mostrando su esplendoroso pene morcillón.

Soraya gimió, aún sobre la cama, mientras se revolvía como una gata en celo.

-Chúpemela, hermana – se jactó con escarnio.

La mujer se bajó al suelo y, gateando, antes de entrar en contacto con el sexo de Pol, observó al crío. Cuando sus miradas se cruzaron, sonrió y abrió la boca acercándose al objetivo, haciendo que el orondo glande entrara en contacto con la experta lengua de la monja. La mano derecha de la mujer asió el semiduro pene al tiempo que comenzaba a lamerlo con lujuria.

La visión de Pol era increíble. El precioso rostro de Soraya, que no dejaba de mirarlo, envuelto en el tocado negro, se movía sensualmente permitiendo que los carnosos labios recorrieran la verga al mismo tiempo que la mano de la monja se la sacudía. La polla se le puso completamente dura en tan solo unos segundos.

-Para ser tan solo un niñato la tienes bastante grande – le sonrió apartándose de la polla de 22 centímetros.

Pol le dio un empujón tan fuerte que la estampó, golpeándola contra la pata de la cama.

-Como vuelvas a tratarme sin respeto te juro que te daré una buena paliza – la amenazó mientras se colocaba el preservativo que había traído consigo premeditadamente.

El chico agarró los tobillos de la religiosa, abriéndole las piernas. Ella forcejeaba, no queriendo ponérselo fácil, pero la fuerza de Pol acabó haciendo efecto. El adolescente se coló entre las extremidades de la mujer, acercando el pollón a la incandescente raja de la monja.

Al sentir el roce en su coño, Soraya se deshizo. El grueso glande que se restregaba contra sus acuosos labios vaginales le reportó a tiempos pasados, cuando el sexo era parte primordial en su vida. Dejó de luchar, se relajó y se preparó para disfrutar de lo que iba a llegar a continuación.

Bruscamente, Pol penetró a la monja, que no hizo ascos a ese salvajismo. La juventud del muchacho le confería una energía considerable, la cual usaba para destrozar la raja de su deseada treintañera mientras retiraba las copas del sostén para entrar en contacto con los preciosos senos que se mantenían tan firmes como en su juventud.

Con la mente obnubilada, olvidándose de los votos, sus creencias y su nueva vida, Zorraya solo pensaba en alcanzar un nuevo orgasmo. La hinchadísima polla que la penetraba estaba a punto de regalárselo, pero fue el tierno beso de Pol, acompañado de sus controlados pellizcos sobre los oscuros y puntiagudos pezones, lo que hizo que se corriera rodeando con las piernas a su joven amante.

-¡Joder, Pol! – blasfemó mientras el niño se salía de su interior, lentamente, provocándole un dulce cosquilleo en la vagina.

El pequeño macarra se quedó de pie, masturbándose sin dejar de mirar el precioso cuerpo desnudo de la monja, que seguía en el suelo, vejada.

-Quiero correrme en tu cara – confesó mientras se deshacía del condón.

-No – contestó con firmeza.

-Voy a correrme en tu puta cara – sonrió con suficiencia.

-He dicho que no, Pol.

-¿Quieres que te pegue? Es eso, ¿verdad?

Antes de que la mujer pudiera contestar, Pol corrió hacia ella, haciendo bailar su enorme rabo de un lado a otro, para propinarle una patada en el costado. Soraya se quejó, dolorida.

-Ahora, por gilipollas, abrirás la boca – ordenó mientras apuntaba su tieso falo al rostro de la monja.

La mujer no tuvo más remedio que ser sumisa. Con el enfado dibujado en su rostro y la boca completamente sellada, alzó el mentón, ofreciéndole la cara al pequeño delincuente. Pol apretó los carrillos de Soraya con fuerza, hasta obligarla a abrir la cavidad bucal.

Joaquín también la obligada a abrir la boca y, aunque no le gustaba el sabor del semen, se lo tragaba complacida. Esta vez no iba a ser menos.

El primer chorretón salió disparado sobrepasando el bello rostro de la mujer y alcanzando el tocado, que quedó impregnado de la viscosa lefa. El siguiente chorro, menos impetuoso, alcanzó la frente de la monja, resbalándose por la nariz hasta alcanzar los labios de la boca donde cayó el resto de leche del muchacho.

Cuando Pol dejó de meneársela, enajenada, Soraya le succionó el glande, intentando recoger toda la lefa posible. El chico tuvo un par de espasmos antes de observar a la monja tragándose todo el semen que había recolectado mientras no dejaba de masturbarlo.

-Eres la reencarnación de mi hombre… - bromeó pisoteando todas sus creencias.

-Ya quisiera ese mierdas de Joaquín… – contestó al tiempo que golpeaba el rostro de la monja con la polla morcillona – Vístete, que pareces una puta en vez de una santa.

Y es lo que era, pensó para su tormento. ¿Qué había hecho? Había vuelto a disfrutar del sexo con un hombre que la había humillado. Pero esta vez, encima, había roto el voto de castidad. Se quedó mirando a su joven amante y, con dignidad, se dirigió a él.

-¿Por qué lo has hecho?

-No lo sé – rompió a llorar.

-Te sientes responsable de la muerte de tu padre. ¿Es eso?

Gimoteando, incapaz de responder, gesticuló afirmativamente con la cabeza. Soraya se acercó a él y lo abrazó. Los cuerpos, desnudos, se fusionaron en un tierno abrazo. Ambos tenían motivos para estar preocupados.

La monja sintió cómo la polla de Pol golpeaba contra sus muslos. El chico había tenido una nueva erección y la mujer no pudo evitar sonreír, complacida, al sentir la joven mano hurgando entre sus nalgas.

-Prométeme que harás un esfuerzo por superarlo – le pidió la mujer.

-Te lo prometo. Perdóname tú por haberte pegado.

-Antes debo darte las gracias por el placer que acabas de regalarme.

La extraña pareja se besó apasionadamente. Soraya bajó su mano para acariciar la nuevamente durísima verga del chico mientras se relajaba permitiendo que la mano del brazo completamente tatuado de Pol accediera más fácilmente a su ano.

Mientras tanto, Silvia, ilusionada por la nueva relación con su hijo y tremendamente agradecida a la monja por todo lo que había hecho, se dirigió al cuarto de Soraya para explicarle lo que había pensado para celebrar el cumpleaños de su pequeño. Una vez frente a la puerta, asió el pomo y se detuvo un instante, pensativa.

Si consideras que Silvia abrirá la puerta sin llamar, lee únicamente el epílogo 1.

Si consideras que Silvia pedirá permiso antes de entrar, lee únicamente el epílogo 2.

Nota del autor: Gracias por leer el relato. Me gustaría saber qué opción has elegido, si crees que la madre de Pol pide permiso o no antes de entrar en la habitación de Soraya. Así que te animo a que comentes y aproveches para contar cuál ha sido tu final.

EPÍLOGO 1

El shock al ver a la monja, prácticamente desnuda, únicamente ataviada con el velo sobre su cabeza, practicándole sexo oral a su hijo adolescente fue demasiado para Silvia que sufrió un ataque de nervios en aquel preciso instante.

Tras la denuncia de la madre de Pol y un juicio surrealista debido a la presión ejercida por parte de las altas esferas eclesiásticas, Soraya acabó encarcelada, convirtiéndose en el caramelito de las presas más veteranas.

Pol, resentido por la reacción de su madre, se convirtió en el maltratador que la monja estaba a punto de evitar. El joven, a la edad de 36 años, terminó quitándose la vida después de no poder soportar el peso de la segunda muerte de un progenitor.

Silvia acabó falleciendo en el hospital después de una paliza de su hijo, la última de tantas. En su último año de vida, se habían producido a diario.

EPÍLOGO 2

El susto que se llevó Soraya al escuchar cómo picaba a la puerta la madre del joven al que se la estaba mamando fue inconmensurable. Mientras se apresuraba a vestirse y arreglar el cuarto poniendo alguna excusa, Pol no dejaba de burlarse de ella.

Tras la celebración del aniversario del joven, Soraya dejó la casa y, después de confesar sus pecados, prosiguió su vida religiosa, renovando sus votos temporales, más convencida que nunca de sus creencias.

Con la ayuda de un psicólogo, Pol superó los miedos que arrastraba desde el accidente de coche en el que falleció su padre. Consiguió un trabajo y empezó a aportar dinero para ayudar a sacar la familia adelante.

Silvia se sentía orgullosa de su hijo y enormemente agradecida a Dios por haberlo encauzado. La mujer murió a la edad de 85 años, de muerte natural, mientras recibía los cuidados de su hijo y su nuera, felizmente casados.

Mi tío es un caliente y me encanta

Esto paso hace no mucho, yo seguía en la secu, tenia como 15 años y en los últimos meses antes de acabar la escuela me dejaban mucha tarea y me desvelaba mucho así que mi mama me dijo que por que no platicaba con mi tía que vive mas cerca de mi escuela y le pida que me deje quedar en su casa esos últimos meses  para que llegara mas rápido, así que lo hice y mi tía me dijo que no había ningún problema, que podía quedarme el tiempo que quisiera.

Mi tía es muy buena onda y siempre me consiente, tenia unos 26 años y galanes nunca le han faltado, en ese momento ella tenia un novio, no tenían mucho tiempo con el pero ya vivían juntos el tenia unos 34 años.

El primer día llegue con todas mis maletas de ropa xD me bañe y me arregle bonita por que supuse que por ser el primer día me invitarían a salir a cenar o algo así que me hice una colita en el pelo, me maquille bonito, me puse una blusita de tubo azul cielo con rayitas negras de esas que son arriba del pecho, sin mangas y no me puse bra por que la blusa me sostenía bien, una mini blanquita como de holansitos  que hacían que mis piernas se vieran largas y delgadas, unos tenis grises, abajito jijiji tenia una tanguita de algodón color rosita y en el triangulito de atrás tenia una mariposita, en fin, el taxi toco el claxon y salió el novio de mi tía se llama Sergio, salió a ayudarme a cargar y cuando me vio me saludo con un abrazo y un beso en la mejilla y me dijo:

-Holaaa Dianitaa!! Déjame ayudarte con eso, una princesita como tu no debe de cargar nada, anda pásate esta es tu casa

Y tomo mis maletas del taxi y las metió, al entrar a la casa cerro la puerta detrás de el y me dijo que me iba a mostrar mi cuarto me señalo las escaleras diciendo, -las damitas primero. Así que subí primero y como a la mitad de la escalera me di cuanta que Sergio no estaba subiendo y voltee a verlo y estaba en el primer escalón un poco agachado como tratando de recoger las maletas del suelo pero con la mirada hacia mis piernas como tratando de espiar bajo mi falda, pero enseguida bajo la mirada y yo supuse que no fue a propósito, así que seguí subiendo pero puse mi mano en la mini ro detrás para que no se me viera mi tanguita. Ya en la planta de arriba me dijo que era al fondo, note que su cuarto estaba pegado al mío, pero me pareció bien, entramos y puso las maletas en la cama, volteo a verme y me dijo:

-Listo Dianita, pues ya sabes que es tu casa y lo que quieras, todo lo que se te ofrezca aquí estoy eh!, y pues te dejo un rato a que saques tus cositas y las acomodes ok

-Sip, gracias Sergio

-Princesita no me digas Sergio por favor… dime tío ;)

Y me guiño el ojo y se fue, yo me quede con cara de “¿que le pasa?” jajaja y total, saque mi ropita de las maletas y la acomode en los cajones del clóset, como la casa tiene alfombra en todos los cuartos me quite los tenis y las calcetas y quede descalza después de eso baje a la sala y ahí estaba Sergio, acostado en el sillón viendo la tele y le dije:

-Hola tío, que haces?

-Nada princesa, solo viendo la tele, oye tu tía no esta, fue a trabajar pero espero que no tarde en llegar, así que… pues solo estamos nosotros… dime que quieres hacer

No se, le conteste, supongo que ver la tele. Como solo tenían un sillón me senté a un lado de el, el sillón era chiquito, así que quedamos pegaditos y nos pusimos a platicar de tonterías, lo note muy interesado en mis cosas, me preguntaba sobre mis amigas, la escuela, los chicos, la música que me gusta y así, la verdad me cayo muy bien ósea ya lo conocía y todo pero nunca platique tanto con el, me hizo reír mucho con las tonterías que decía. Ya pasada la tarde me dijo:

-Creo que tu tía no va a llegar, supongo que vamos a cenar solo tú y yo.

Tomo su celular y le marco, no sabia lo que platicaban pero logre entender que mi tía iba a salir tarde del trabajo como siempre. Colgaron y creí que Sergio se había molestado  pero todo lo contrario, puso una sonrisa de tonto lol, me pregunto que que quería cenar, a lo que solo le dije “no se lo que sea esta bien” y se levanto y fue a la cocina y me dijo que iba a hacer algo rico y especial para su sobrinita consentida, me quede un ratito viendo la tele hasta que me grito que si le podía ayudar, fui de mala gana y cuando llegue tenia una silla dentro del almacén de comida, me dijo:

-Me ayudas es que no puedo mover mucho la espalda por que ando lastimado y necesito una lata que esta hasta arriba, yo te agarro la silla

-Si tío, le dije.

Subí a la silla y el sujetaba el respaldo para que no me fuera a caer, pero me acorde lo de las escaleras cuando llegue y supuse que lo único que quería era que me subiera para tratar de verme las pompis, tome una lata y gire la cabeza preguntándole:

-¿Es esta la que quieres?

Y lo cache viéndome las piernas, y aun que tratara de disimular se le veía su cara de morboso, y me contesto:

-Mmm no esta mas al fondo, ¡estírate mas!

Deje esa lata a un lado y trate de sacar otra que estaba mas arriba pero no alcanzaba muy bien así que me puse de puntitas y me estire lo mas que pude, y casi me caía pero Sergio me tomo de la pierna por la parte externa del muslo y me dijo:

-Yo te agarro nena

Puso su otra mano del otro lado para sujetarme de las piernas y como disimuladamente fue subiendo, yo solo quería alcanzar esa lata pero de verdad que no podía, sus manos ya estaban a la altura de mi falda y por el subir de sus manos hacia que mi faldita que de por si estaba muy chiquita la alzaba de a poquito, claro tratando siempre de disimular, al fin alcance la lata y gire de nuevo la cabeza para verlo y el sin disimulo tenia su cara justo debajo de mis pompis y me estaba viendo todita! Mi falda ya no cubría mucho y con solo la telita de mi tanguita chiquita y muy apretada aprisionando mis labios haciendo que se note mi rayita sobre la tela, y el hilito de la tanga desapareciendo entre mis pompis, le dije con voz fuerte:

-¡Tío!

-umm umm…

Tartamudeo un poco, y quito la vista rápido, y sin ver la lata dijo -si esta bien, esa es la que quería.

Tenia mucha pena y me quería bajar rápido de la silla, el trato de ayudarme, me puse de frente a el y me tomo de la cintura hasta que baje y creo que a propósito me jalo muy fuerte y el tropezó con algo y cayo hacia a tras y yo sobre de el, el nunca me soltó de la cintura por lo que mi blusa se jalo un poco y mis pechos casi se me salen y quedaron justo sobre de su cara, todo mi cuerpo estaba sobre de el, y mis piernas quedaron sobre las suyas y sentí que estaba excitado, que lo tenia durito.. ¡Y era por mí! A mi me dio mucha pena y trate de  levantarme rápido y de alejar mis pechos de su cara, me incorpore y me arregle la blusa y la faldita, Sergio tenia una sonrisa de oreja a oreja, salí del almacén y el atrás de mi, neta que no sabia que pensar o hacer, descubrí que le gustaba a mi tío y que me deseaba y en ese momento era algo un poco raro, me senté en la mesa de la cocina y el siguió con la comida, estuve pensando un rato y no se por que pero creo que me gusto… jijijiji y decidí seguirle el juego solo para ver que pasaba, total no creo que pase nada jejeje (que ingenua). El volteaba a verme a cada ratito y me sonreía y poco a poco empecé a devolverle la sonrisa jijijiji y comencé a pensar en como actuar coqueta, como provocarlo, me levante y fui a la estufa donde estaba cocinando, tenía una pasta con crema en un recipiente y le dije:

-¡Hay tío se ve rica esa pasta!, ¿puedo probarla?

-Claro nena

-Pero no me eh lavado las manos, ¿puedes tomar tantita con tu dedo y me das a probar? Aun que sea solo cremita

El se quedo con cara de sorprendido y un poco dudoso, pero solo dijo: -Claro nena. Y metió un poco el dedo de en medio en la crema de la pasta, quedo llenito de crema y me lo acerco a la boca, me moje un poquito los labios con mi saliva y abrí mi boquita y saque un poquito la lengua, me acerque a su dedito y lo empecé a meter despacio, para que mi lengua rozara su dedo, mientras lo hacia mire directamente a sus ojos, tenia una cara de espanto y excitación. Cuando su dedito estaba dentro de mi boca lo presione con mis labios y lo fui sacando, para quedarme con la cremita, casi cuando salía todo el dedo me lo metí otra vez, y todo el tiempo lo hacia despacito y viéndolo a los ojos, succionando levemente, aun que ya no quedaba crema yo seguía chupándole el dedo y el claro que no decía nada, fue solo unos segundos pero yo estaba muy nerviosa y mi corazón estaba ya muy acelerado, por fin deje su dedo en paz y le dije:

-ufff tío que rica te quedo- le sonreí de una manera muy coqueta y el solo se quedo con su cara de asombro, no podía creer que le acababa de chupar el dedito de una manera muy provocadora, y dijo

-mmm si te gusto verdad nena, deja te doy más- y nuevamente metió el dedo en la pasta y esta ves lo lleno todo de crema, tanta que se escurría, acerco mucho mas su cuerpo al mío quedando de frente casi pegaditos y acerco su dedo a mi pero la crema se escurrió antes que llegara a mi boca y me cayo en los labios y fue bajando pro mi carita, paso por mi cuello y llego hasta mis pechos, una gota cayo en una de mis bubis y la crema estaba especita y resbaló de a poco por el contorno y llego justo en medio, donde se juntan, yo solo dije:

-hay tío!! Ya me ensuciaste, ahora me limpias eh!!

-Discúlpame nenita, deja te limpio…

Primero con su mano limpia fue quitando con sus dedos la crema que me cayo en los labios y que se estaba escurriendo y se comió esa crema, y se la saboreo –mmm q rico sabe esto!- dijo mientras miraba como la crema me había ensuciado mis nenas, parecía que me desvestía con la mirada, su mirada me provocaba un morbo enorme. Tomo un trapito húmedo que tenía a la mano y empezó a limpiarme el cuello. Lo hacia despacio, disfrutando de mi cuerpo, bajo un poco y limpiaba mi cuello... como dudando un poco, yo solo estaba paradita y siempre viéndolo a los ojos, me encantaba como admiraba la forma en que la blusita mi apretaba mis grandes nenas y las juntaba, por la excitación del momento se veía sobre la tela mis pezoncitos paraditos y se agitaba mi pecho, el no se detuvo y poco a poco empezó a bajar mas y mas muy despacio hasta llegar a mis nenas, y justo en ese momento se escucho un ruido de llaves, era mi tía que había llegado a la casa, nosotros nos separamos y yo tome el trapo y me limpie rápidamente, tratando un poco de disimular, el hizo lo mismo y se puso a cocinar, mi tía entro a la cocina y nos saludo, Sergio y yo seguíamos excitados, el no volteaba el cuerpo ya que notaria su tremenda erección y yo no decía ni una sola palabra por lo apenada y nerviosa que estaba, creo que mi tía se dio cuenta pero no dijo nada y empezó a hablar de su día como si nada, no pasaron ni 2 minutos y mi tío se acerco a ella y le susurro algo al oído y mientras lo hacia mi tía se sonrió de una manera muy picara y su cara se puso roja, el la tomo de la mano y se la llevo, me gritaron que en un momento regresaban, subieron las escaleras de prisa y entraron a su habitación, y me dio morbo… así que subí las escaleras y me acerque a la puerta que estaba entre abierta, se escuchaban sus risas al principio, pero un momento después la risa de mi tía de convirtió en un gemido como de placer muy rico, me mataba la curiosidad, así que abrí muy despacito la puerta tratando de no hacer ruido y asome la mirada, fue una imagen tan pero tan rica que nunca se me va a olvidar, mi tío había tomado a mi tía de la cintura por la espalda, la puso contra la pared, mi tía tenia las manos a la altura de sus hombros sobre la pared, como dándole todo el control a mi tío, ella traía puesto un vestido rosita holgado, el cual estaba ya estorbándole, mi tío le besaba el cuello como si lo quisiera devorar mientras sus manos recorrían el cuerpo de mi tía, acariciando sus pechos, mi tío estaba como poseído, no podía controlar su lujuria, se escuchaba que de su boca salían quejidos de excitación, como un toro en celo, y yo no lo podía creer, estaba a punto de ver como mi tío se follaba a mi tía seguramente pensando en mi, eso me puso muuuy caliente, y como por si sola mi mano empezó a acariciar mi cuerpo, yo deseaba que mi tío me estuviera acariciando a mi… ellos seguían en lo suyo y mi tío se veía que ya no podía aguantar mas, se desabrocho el pantalón y solo se lo bajo un poco, con todo y bóxers, como me daban la espalda no podía ver muy bien pero vi que le alzo el vestido a mi tía y le bajo su tanguita como a la mitad del muslo y creo que no espero mas y le introdujo todo su gran pene por que mi tía dio un grito que se escucho por toda la casa, ella le decía que lo hiciera un poco mas despacio, que la lastimaba un poco pero el no contestaba, estaba poseído por su excitación, yo estaba a mil, no pude mas y me tire al suelo y metí mi mano debajo de mis braguitas, y empecé a masturbarme con los gemidos que mi tía hacia, los ruidos como de animal de mi tío y el sonar de sus cuerpos golpeando al ritmo de la euforia de el, y tuve un orgasmo muy intenso, y no pude evitar gemir, trate de taparme con la mano, pero igual creo que se escucho, por que mi tío volteo como de reojo a la puerta, pero no dejo de darle a mi tía, y creo que el saber que estaba en la puerta espiándolos y masturbándome le encanto por que sus movimientos se aceleraron y mi tía ya no pudo contener sus gritos hasta que el le dio unas envestidas muy fuertes y mi tío gimió muy rico y se detuvo de a poco…. Yo estaba totalmente mojada, se escurría el líquido por mi ingle hasta mis pompis, me asome una ultima vez y vi como mi tío se separaba de ella, estaba muy oscuro pero note como goteaba la entrepierna de ella, caía hasta el suelo… casi no podía ni levantarme, pero como pude me metí rápido al baño, para evitar que me vieran. Ya en el baño trate de relajarme, me limpie, pero como mis braguitas estaban muy mojadas decidí quitármelas y me quede descalza solo con mi falda y mi blusa. Salí del baño disimulando y el estaba afuera, nos topamos frente a frente… no sabia que decir, el solo me vio con esos ojos llenos de morbo… y se acerco a mi, yo no me moví... estaba un poco temerosa… el todavía se notaba agitado por lo anterior… acerco su boca a mi cara… me tomo con una mano por la cintura pegándome hacia su cuerpo con un poco de fuerza… mis senos se repegaron a su pecho cansado… se inclino un poco y mientras me estrujaba en su brazo me dio un beso ligeramente húmedo en mi mejilla, casi rosando con mis labios… y luego me susurro al oído… -ya viste lo que me hiciste hacer princesita?!?... su respiración al hablar en mi oreja me volvía loca, su voz era de deseo, sabia que el me deseaba con desesperación, pero me contuve por que mi tía estaba del otro lado del pasillo y tal vez estaba por salir de la habitación, así que gire mi cara, lo vi a los ojos, su boca estaba tan cerca de la mía… y le dije:

-si, vi un poquito- con una mirada tierna y una sonrisa picara –y mira lo que tu me hiciste hacer

y tome su mano que estaba en mi cintura, la aleje y en ella le puse mi tanguita, que seguía húmeda por mis orgasmos, como obsequiándosela, me separe de el y me aleje despacio, con una sonrisa que lo invitaba a pecar, le mande un besito y me metí a mi cuarto, asegurándome de cerrar la puerta para que nadie pudiera entrar. Mi corazón latía súper rápido y trate de dormir pero toda la noche me la pase pensando en mi tío,  en lo rico que sentí cuando le chupaba su dedito y el morbo que veía en sus ojos, saber que lo excite tanto que se follo a mi tía muy duro y pensando en el me seguí tocando sola por un buen rato mas.

A la mañana siguiente, desperté y lo primero que se me ocurrió fue ir a ver a mi tío, hacerle travesuras, así que me levante y salí del cuarto con lo que tenia puesto para dormir, que playerita rosa de hello kitty que me llegaba a la cintura y dejaba ver mi ombliguito y un shortcito súper cortito, era color gris con maripositas de colores, pero creo que es para niñas mas chicas por que ya me apretaba mucho y sentía que se me metía entre las pompis, y abajito me quede sin bragas jijiji, en fin, lo busque por la casa pero no estaba, llegue hasta su habitación pero nada, solo encontré la ropa de los dos aun regada por toda el cuarto, me asome por la ventana y los vi a los dos en el jardín así que salí y mi tío estaba haciendo ejercicio y ella estaba recostada tomando el sol, la verdad mi tío tenia un muy buen cuerpo, estaba bien formadito, tenia unos brazos muy fuertes, el estaba sin playera y con un pantalón deportivo de licra que le quedaba pegadito y muy a la cadera que marcaba perfectamente el contorno de su cuerpo, cada musculo de las piernas y… el bulto que se le dibujaba muy rico, se le notaba que estaba todo depiladito por que podía vérselo muy detalladamente, cuando lo vi de lejos ufffff me quede observándolo  un buen rato, sin que el me viera, ver trabajar sus brazos fue un espectáculo, su cuerpo soleado en el solecito con sudor del ejercicio, puedo decir que ahí me hechizo. Fui al patio y me acerque a el y lo salude:

-Hola buenos dias

Me puse de puntitas, puse mis manos en su pecho para poder alcanzar su mejilla y darle un besito, affff que pecho tan duro tenia, creo que el noto mi gusto por su cuerpo por que yo no despegaba mis ojos admirándolo de arriba abajo, su pantalón se pegaba un su entrepierna tan rico, me encanto como se marcaba esa línea a los lados del abdomen, bueno en general todo su cuerpo parecía una estatua de dios griego, el respondió con una sonrisa súper coqueta:

-hola nena buenos días, ¿nos acompañas a hacer ejercicio?

-pero claro! (jijijijijiji)

Me acerque a donde estaba mi tía y la salude, ella casi estaba dormida, reo que estaba exausta por la noche anterior.

Me quede sentada en el pasto, frente a el, viendo como levantaba una y otra vez esas pesas que se veían que pesaban muchísimo, sus músculos se contraían de una manera hermosa, y yo parecía boba viéndolo, así que trate de hacer una platica bromeando:

-oye tío esas cosas están muy ligeras, apuesto que ni pesan y solo estas actuando jajajajajaja

-claro que si pesan lo que pasa es que ya soy muy fuerte, apuesto a que hasta te podría cargar con facilidad por que tu estas muy flaquita jajajajaja

Y claro que no le creí, así que me levante y gire mis pompis hacia a el y trate de mirármelas para poderme sacudir la tierra, note que el me veía y le encantaba, sentí su mirada morbosa como se clavaba en mis pompis, y recorría mi cuerpo, y trate de sorprenderlo y voltee rápido y aun que trato de disimular, estaba viendo como mi shortcito se me metía entre las pompis y me las apretaba, la verdad sentía rico como se me clavaba en mi colita. Su cara se puso un poco roja como de vergüenza por que mi tía estaba ahí, me acerque y le dije:

-No creo que puedas cargarme tío por que estoy muy pesada.

-jejeje solo hay una manera de averiguarlo

Aventó las pesas hacia un lado, dio unos pasos y quedamos frente a frente, me puso un poco nerviosa, me dijo:

-Sostente de mis hombros

Y yo obediente lo hice, me puse de puntitas para alcanzarlo, el puso sus manos a los lados de mi cadera, sus manos eran muy grandes y fuertes, se agacho un poco para tomar impulso y me levanto con fuerza, se empezó a reír y me dijo:

-ni pesas casi nada princesa bonita, estas muy delgadita.

Me cargo hasta arriba de su cabeza, el tenia sus brazos firmes y parecía que ni le costaba trabajo me dio un poco de miedo estar ahí arriba de el, pero me gusto sentirme así como… como que podía hacer con mi cuerpo lo que quisiera que me levantara como si fuera cualquier cosa jijijijiji en fin, tenia mi culito apuntando al cielo y así me sostuvo un momento mas pero como su mano estaban sobre mi shortcito en la parte de mi cadera me lo empezó a subir y sentía que se me estaba clavando aun mas entre mis pompis y me apretaba los labios de mi vaginita, le pedí que me bajara, y lo hizo despacio para no tirarme, al bajar me queje:

-¡¡hay tío, mira como me dejaste mi shortcito!!

El se quedo mirando a mis pompis... se acerco sin decir nada y tomo la parte de atrás del short con dos dedos y lo estiro hacia arriba aun mas, sentí como se hundía entre mis labios que ya estaban húmedos y me la tela me acaricio mi colita muuuy riquísimo, un escalofrió me recorrió el cuerpo, creo que hasta un gemido se me salió y mis pompis se levantaron de inmediato, creo que por un momento no pude hacer nada, pero reaccione y le dije a mi tío que ¿que hacia?, claro sin quitar su mano de mi prenda, el solo respondió:

-nada nena, solo te estoy acomodando tu shortcito, no se muy bien como va, pero creo que va así…

Me quede totalmente quieta, dejando que me manoseara y el suavemente metió dos deditos entre la orillita del short, donde va el cinturón, y mi piel, fue en el área de la cadera, y sin dejar de ver mi prenda empezó a mover muy despacio su mano, rozando mi piel suave, fue moviéndola hacia mis pompis dibujando mi figura y las curvas que hacia mi colita, sentí como sus dedos me acariciaban, y me hacían temblar, era el nerviosismo que mi tía se diera cuenta, el morbo, el miedo, la excitación que me causaba, después de pasar ligeramente por mis pompis, llego al otro lado de mi cadera, pero no se detuvo, siguió girando alrededor mío, se dirigía hacia enfrente, hasta llegar a la parte de enfrente, sus dedos quedaron un poco abajito de mi vientre se quedo ahí parado frente a mi, yo ya tenia los ojos cerraditos, y escuche su voz que me dijo:

-Creo que ya quedo acomodadito nena

Abrí los ojos y me sentí una tonta, no se, como que me dio mucha vergüenza, el estaba viendo mi cara... creo que de placer jijijijiji y le gusto, lo note en su rostro, mis pezoncitos estaban paraditos y se notaban por que no traía bra y la tela de la playera era delgadita, después de un momento de silencio, me dijo que se tenia que bañar, mi tía se levanto y se me quedo viendo, me sonrió y me dijo:

-Ay nena, estas creciendo muy rápido, mira nada mas esas tetas que tienes… te están creciendo muy rápido

Puso su mano sobre mis boobis y las agito como si fueran pelotitas… yo me quede sorprendida de que mi tía me manoseara y después dijo:

-y ese culito!! Se esta poniendo muy bonito nena

Mi tío se quedo pasmado de ver como ella me tocaba sin pudor y solo disfrutaba del espectáculo, yo no decía nada, solo me deje jijijiji le sonreí y le dije:

-pero si tu!! Ve que pompis de princesa tienes

Al decir esto le di una nalgadita traviesa y ellos solo se rieron un poco y mi tío dijo que mejor se iba a bañar y aun que trato de disimular, pude ver a través de la tela del pantalón que su pene se empezaba a poner mas grueso … tomo una toalla para taparse y se fue, al alejarse yo no pude evitar ver su bonito trasero jijiji y mi tía lo noto y solo dijo:

-Verdad que esta buenísimo!!??

-Jajajajajaja umm… (me sonroje) la verdad si esta muy guapo tía jejejeje

-ufff si, y si supieras como…. Ummm bueno tú sabes jajajaja

Obviamente supe de que hablaba, y en ese momento me dio aun mas morbo mi tío y no resistí y le dije a mi tía que la dejaba tomar el sol a gusto, que tenia que hacer algo, la neta no se si sospechaba algo, pero no me importo y corrí a la casa, ella solo me grito que era una traviesita, para ese momento ya se escuchaba la regadera del baño del cuarto de mis tíos, me acerque a la puerta y estaba entre abierta y de repente mi tío salió, pero para mi sorpresa aun seguía vestido :( jjajaja, me pregunto que que hacia, le dije que nada, que solo pasaba por aquí, mi corazoncito empezaba a latir mas fuerte, le dije:

-Oye tío tu abdomen se ve muy fuerte… se te marcan tus cuadritos…

El de inmediato supo que estaba de traviesa, tomo mi mano y me dijo:

-Mira, toca si quieres, pero no le vallas a decir a tu tía por que es muy celosa eh, que sea nuestro secretito

Puso mi mano en su marcado abdomen, y la solto, yo no la quite de ahí, de verdad que estaba durísimo, con mis deditos recorrí las curvas que se hacían en el, baje de a poquito y pase su ombligo, conforme fui bajando mi mano mis ojos se abrían mas y mas, no podía creer lo que mi mente quería que mi cuerpo hiciera, mi mano llego hasta la orilla de su pantalón, el no se movía ni decía nada, la emoción me mataba, jugué un poco con el resortito de su pantalón y lo bajaba de a poquito, y lo estiraba tantito, como para tratar de ver un poquito mas, el súper dejado, me pregunto con un tono de voz suave y gentil:

-que pasa princesita hermosa, tienes curiosidad de ver que es eso que tengo ahí?

-umm la verdad si un poquito

-ok, pero va a ser nuestro secreto eh

-si tío, solo déjame ver un poco si?

-esta bien, siéntate en la camita nena

Me senté en la cama, estaba  toda nerviosa, tenia las piernas juntas, la espalda derechita y las manos sobre la cama, el se puso justo enfrente de mi, su mirada estaba sobre mis tetas y mi cara de morbo que tenia, tomo la orilla de su pantalón de ambos lados de su cadera y lo comenzó a bajar, iba notando como su piel se descubría, sin nada de bello, al final su pantalón quedo a la altura de sus rodillas y pude ver su miembro, estaba algo flácido, pero aun así estaba muy largo y súper grueso, mis ojos no se podían abrir mas, el tomo su enorme miembro con su mano,  lo movía despacito, después tomo sus genitales y los apretaba suavecito, yo no lo podía creer, estaba tan cerca de mi, me pregunto:

-te gusta nena?... quieres tocarlo?...

Yo asenté con la cabeza, sentía mi cuerpo que estaba demasiado excitada, el soltó su miembro, que se veía un poco mas durito y mas grandecito, empezaba a levantarse, mi mano lo alcanzo y lo sostuve torpemente, el me decía que no pasaba nada, que no le iba a decir a nadie, que podía experimentar con el, así que lo agarre mas segura, estaba cubierto de piel, así que lo jale hacia atrás para estirarle la piel, mi tío soltó un gemido, muy provocador, le pregunte que si lo lastime, el se sonrió y me dijo que para nada, empezó a acariciar mi pelo y mi carita, sus ojos se cerraban mientras yo seguía estirando su piel y regresando, su miembro se puso mucho mas grueso, mi mano apenas lograba rodearlo, note que de la puntita le salía un liquidito, le pregunte:

-que es eso que te sale tío?

Entre gemidos el respondió -es un liquidito…. Mmmm…. Quieres probar  a que sabe?....

Sin responderle acerque mi boca un poco… me moje los labios con mi saliva… y me los mordí un poquito, eso hizo que mi boquita se pusiera toda rojita, que contrastaba con la piel blanca de mi cara y mi pelo castaño liso, su miembro ya goteaba, así que le di un besito muy húmedo en la puntita, como si fuera una paletita o un heladito cremoso, el tomo la base de su miembro con una mano y con la otra la parte entre mi mejilla y mi cuello, para levantar mi cabeza y así dirigirlo justo a mi boca –abre la boquita nena –dijo. Yo lo hice y el trato de meter la puntita dentro, pero estaba muy grande y mi boca muy chica, así que solo pudo entrar solo un poquito, alce la mirada y note que veía hacia la ventada de forma muy nerviosa, para vigilar que mi tía no viniera, me dijo:

-Hay nena, pero que boquita tan rica tienes, tienes unos labios muy suaves, como quisiera que entrara todo… pero estas muy pequeña… y… creo que ahora es mi turno...

Saco su miembro de mi boquita y me dijo que íbamos a jugar, que yo solo no dijera nada... que me va a gustar, yo muy obediente le seguí el juego. Me tomo de los hombros y me levanto, me dijo que me subiera en la cama, lo hice, me quede de rodillas, me giro y quede a espaldas de el, tomo mi cintura y me inclino… mas y mas… hasta que mi cara quedo sobre el colchón y mi colita levantada... el shortcito se me metía muy rico entre las nalgas, el dijo:

-uffff pero mira nada mas eso… tienes una colita perfecta, tu piel es tan suavecita… y el short aprisiona tus labios y los hace ver tan ricos… como para devorarlos…

Tomo el short de los lados de mi cadera y lo fue quitando... como alguien que abre su regalo de cumpleaños… al llevar el short a la altura de mis muslos descubrió mis labiecitos diminutos no mas grandes que un duraznito, que ya estaban empapados por todo lo que pase y mi colita rosita y delicada un poco abierta por la posición, el saco un gemido, pareciera que le encanto muchísimo lo que veía, le pregunte:

-te gusta mi colita tío??

-hay nena… estas tan hermosa… tus labios son tan estrechos y rosados, no se si quepa si quiera mi dedo, o mi lengua… creo que voy a averiguarlo…

-se muy gentil por favor tío… no me lastimes…

Mis manos estaban a la altura de mi cara y solo me aferre bien a las sabanas, cerré mis ojos y apretaba mis rodillas una contra la otra… sentí las manos de mi tío posarse a los lados de mi cadera acariciándome la piel y tomo mis pompis, se puso de rodillas para acercarse mas, tenia su cara justo enfrente de mi vaginita, cuidadosamente me separo las pompis con sus pulgares, lo que hizo que mis labios se abrieran, sentí su respiración muy cerca y luego me dio un besito tierno, me dijo que me trataría muy bien, y luego sentí su lengua recorrer mi rajita, desde mi clítoris hasta mi colita, mi cuerpo se estremeció y se me salió un ligero grito, el me dijo: -nena trata de no gritar que tu tía nos va a escuchar, y esa sensación de peligro o de temor a que nos sorprendieran me excitaba muchísimo, el empezó a lamer cada vez mas y mas rico, lo hacia con un goce muy notorio, como si se estuviera convirtiendo en una bestia poco a poco, cada vez me apretaba mas y mas mis pompis, yo intentaba ahogar mis gritos en la cama cada vez que jugaba con mi clítoris, sentía como me hundía su lengua y entraba en mi rajita, me la chupaba muy deliciosamente, luego me toco con su dedo pulgar justo en mi clítoris, me lo acariciaba y sentía que hasta mi mirada se nublaba de tanta excitación, hizo que tuviera varios orgasmos, con ese mimo pulgar me empezó a penetrar, su dedo resbalaba muy fácil por lo mojada que estaba y sentía como abría las paredes de mi vagina, que rico sentía, luego sin dejar de dedearme, me beso mi colita, sentía que lo hacia con mucha saliva, luego me metió su lengüita, y su dedo en mi vagina me penetraba mas rápido, yo solo podía gritar y jadear al compás que el me masturbaba, cuando dejo mi colita llena de su saliva, ya mi anito me palpitaba, me lo dilato con su lengua, al ver eso me saco su dedo, se puso de rodillas detrás de mi, y me dijo:

-esto te va a gustar mucho mas nena.

Y puso la cabecita se su miembro en mi rajita y empezó a empujar con su cadera, apenas entraba la puntita, mis labiecitos se hicieron como un círculo que rodeaba su pene, su cabecita era como del tamaño de una ciruela me dijo que si me lastimaba, le avisara, conteste:..

-creo que ya no me importa tío, solo quiero que me cojas muy rico hasta que te haga que te vengas.

El muy obediente me sujeto de mi cadera y me lo metió más y más, hasta que me llego al fondo, sentí como topaba dentro de mi, aun que su pene no me entro todo, lo dejo así un momento, y seguía sintiendo su presión, como disfrutando que me llego hasta el fondo, mientras lo hacia me sobaba mi colita con su dedo, hasta que empezó a metérmelo poquito, era una sensación nueva y muy placentera, mis gritos ya eran mas fuertes, me quejaba y gemía como loca, sus movimientos se aceleraban y me lo sacaba y metía mas y mas rápido, lo hacia hasta el fondo, mientras que su pulgar se seguía adentrando en mi, me hizo tener muchos orgasmos, su pene estaba todo empapado de mi, se escuchaba el golpeteo de mis pompis con su cuerpo, gire la cabeza para mirar lo que hacia, y lo que vi fue mi cinturita que mas adelante se ensanchaba para formar colita levantada y dibujaba dos curvas bonitas, sobre ellas la mano de mi tío la que usaba para meter su pulgar en mi colita y su cara viendo como me penetra, sentía muy rico y de repente se detuvo, estiro su mano para alcanzar el buro de su cama y saco un vibrador, me dijo.

-este juguetito es de tu tía, pero creo que lo voy a usar contigo, lo acerco a mi boca y me dijo, llénalo de tu saliva, yo seguía con mi cara sobre la cama y me lo metió, como si me follara por la boca, hasta que quedo mojado, luego lo puso sobre mi colita, y sin dejar de follarme empezó a meter el vibrador por mi colita, y lo sentía cada vez más profundo, me encantaba que me dijera que me lo comía casi todo, y yo estaba toda extasiada que me estuviera penetrando doblemente y después de un largo rato se canso y me los saco, de una manera más brusca me empujo, para que me acostara sobre la cama de ladito, el se acostó a un lado, quedando detrás, me abrazo y recargo mi espalda sobre su pecho y sin mirar, su mano se poso en mis pompis y me las separo, para abrir mi colita, le pregunte:

-tio que vas a hacer

-creo que te va a doler un poco, pero tienes que aguantar eh! Hazlo por mi nena.

Yo le respondí que si, que haría lo que sea por el.

Entonces sentí su glande sobre mi colita, lo empezó a mover en círculos, disfrutando de mojarme con su babita, mi anito estaba palpitando por lo anterior, y ya estaba algo dilatado pero aun tenía el tamaño de una uva pequeña, y el glande que lo quería penetrar estaba impaciente, mi tío empezó a empujar muy suavemente, su respiración estaba justo detrás de mi cabeza, mi cabello cubría su rostro, el aspiraba mi aroma, y sus gemidos de animal me excitaban descontroladamente, sentí como se abría cada vez mas mi anito, estaba atrapada en sus brazos fuertes, con una mano me rodeaba por el cuello y su otra mano recorría con lujuria cuerpo, desde mis pezones totalmente paraditos, pasando por la suave piel de mi abdomen, hasta llegar a mi clítoris, en donde se quedo, provocándome mas y mas placer, me hacia gemir tan rico, los dos nos dejamos llevar por la lujuria, y a pesar del dolor que me provocaba con su miembro que me desgarraba, no le pedí que se detuviera, hasta que me entro todo y lo dejo ahí un momento, tomo mi mano y la puso en sus genitales y se los acaricie muy placenteramente, y con esto él empezó a darme suaves embestidas, me dolía mucho, y gritaba poro el dolor y el placer, y el me decía entre gemidos:

-tranquila nena, aguanta por mi… tu colita esta deliciosa y me exprime mi miembro tan deliciosamente… quiero llenarte de mi lechita.

Sus embestidas subieron de fuerza, me entraba todo… escuchaba mis nalgas chocar contra su cuerpo… el dolor era muy intenso… le grite que me lastimaba y trate de detenerlo, pero me sostuvo muy fuerte de las caderas y seguía penetrándome…. No me soltaba, lo rasguñe en su abdomen y en donde mis manos alcanzaban, hasta que empujo con todo y lo dejo adentro y con un gemido bestial me lleno de su leche caliente, sentía chorros y chorros que se adentraban. Saco su miembro, se quedo boca arriba en la cama junto a mí por un momento, mi cuerpo seguía retorciéndose del dolor y placer, mi anito palpitaba y le escurría el semen, mi cara tenia un poco de lagrimas, estaba totalmente inmóvil, mi tío se levanto de la cama y admiro mi cuerpo indefenso, acaricio mi mejilla y me dio un beso en la boca mientras se ponía el pantalón, y solo me dijo:

-tienes la colita mas rica que eh probado nena.

Le sonreí, complacida por los orgasmos que le provoqué.

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